F0295 · Farid no había visto nunca que su amo durmiese tanto. Había…

Farid no había visto nunca que su amo durmiese tanto. Había imaginado, que se excitaría, que sería el primero en subir a cubierta y atisbar en el mar para ver si podía divisar alguno de los monstruos marinos que habían poblado sus sueños infantiles cuando era otra cosa, cuando era un niño en la corte de Trebisonda. Farid se recostó junto a él, como un gato que estuviese ronroneando. Isaac lo abrazó como si fuese un hijo y Farid le tocó la cara, los ojos cerrados y trató de imaginarlo cuando era niño, cuando aterrado aprendía la religión del islam. Había viajado tanto y se había transformado tanto. A pesar de su edad tenía el alma de un hombre viejo. También yo, se dijo Farid y pensó en todo lo que él también había dejado atrás. Nada que extrañar, por supuesto, porque lo único que hubiese podido causarle desconsuelo estaba muerto.

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