F0033 · El Reino Cimarrón / Fuera del tiempo
Sin fecha determinada · Sueño, recuerdos y el mar violeta
Farid creía despertar y veía al ángel junto a él, tal como aquel día en que la belleza intangible se le apareció y le dijo: “búscalo, él puede salvarlo”. El ángel estaba allí, real como un sueño que olía a leche cortada. Aún seguía soñando con esa presencia. Entonces, Farid ordenó que el ángel fuera castigado por haberles regalado tanta muerte disfrazada de inmortalidad.
Al despertar, lo primero que recordaba no era el sueño, sino un encuentro vago. Anoche, entre las seis y las siete de la tarde, Farid se encontró con un joven que se parecía a Atonatiuh. Su piel era de color aceituna, un poco más clara que la de sus hermanos árabes en la Bahía del Apóstol.
En la casa del padre otomano, había una ventana desde la cual se podía contemplar un mar de color violeta, del mismo tono que los ojos del señor, el padre de todos. Farid se imaginaba atravesando los barrotes de la ventana, ascendiendo por el caparazón de una tortuga. Escuchaba música y los gritos de las gaviotas. Un pelícano se arrancaba el corazón: Jesús.
El otomano le decía: “No olvides, niño del desierto, que los europeos te castraron”. Farid se lo repetía a su padre con sencillez. Él tampoco había olvidado, pero sabía que los propios padres habían hecho mucho en nombre de Dios, nuestro señor.
F0033 · El Reino Cimarrón / Fuera del tiempo
Sin fecha determinada · Sueño, recuerdos y el mar violeta
Farid creía despertar y veía al ángel junto a él, tal como aquel día en que la belleza intangible se le apareció y le dijo: “búscalo, él puede salvarlo”. El ángel estaba allí, real como un sueño que olía a leche cortada. Aún seguía soñando con esa presencia. Entonces, Farid ordenó que el ángel fuera castigado por haberles regalado tanta muerte disfrazada de inmortalidad.
Al despertar, lo primero que recordaba no era el sueño, sino un encuentro vago. Anoche, entre las seis y las siete de la tarde, Farid se encontró con un joven que se parecía a Atonatiuh. Su piel era de color aceituna, un poco más clara que la de sus hermanos árabes en la Bahía del Apóstol.
En la casa del padre otomano, había una ventana desde la cual se podía contemplar un mar de color violeta, del mismo tono que los ojos del señor, el padre de todos. Farid se imaginaba atravesando los barrotes de la ventana, ascendiendo por el caparazón de una tortuga. Escuchaba música y los gritos de las gaviotas. Un pelícano se arrancaba el corazón: Jesús.
El otomano le decía: “No olvides, niño del desierto, que los europeos te castraron”. Farid se lo repetía a su padre con sencillez. Él tampoco había olvidado, pero sabía que los propios padres habían hecho mucho en nombre de Dios, nuestro señor.
F0033 · The Maroon Kingdom / Outside time
Undated · Dream, recollections and the violet sea
Farid thought he was waking and saw the angel beside him, just as on that day when intangible beauty had appeared to him and said: “seek him, he can save him”. The angel was there, real as a dream that smelled of curdled milk. He was still dreaming of that presence. Then Farid ordered the angel to be punished for having bestowed upon them so much death disguised as immortality.
Upon waking, the first thing he remembered was not the dream but a vague encounter. Last night, between six and seven in the evening, Farid had met a young man who resembled Atonatiuh. His skin was olive-colored, a little lighter than that of his Arab brothers in the Bay of the Apostle.
In the house of the Ottoman father there was a window from which one could contemplate a violet sea, the same color as the eyes of the lord, the father of all. Farid imagined himself passing through the bars of the window, climbing up a turtle’s shell. He heard music and the cries of seagulls. A pelican was tearing out its heart: Jesus.
The Ottoman would say to him: “Do not forget, child of the desert, that the Europeans castrated you”. Farid repeated it to his father simply. He had not forgotten either, but he knew that the fathers themselves had done a great deal in the name of God, our lord.