F0499 · ***…

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Ehecatl era uno muy moreno que tenía una hermosa sonrisa. Me preguntó que cómo era que fuese tan niño. Si bien tenía que tenr cuidado, la verdad es que había dejado de tener miedo de que me descubrieroan. Ya volvería a encontrarme en ese mismo viaje, con el miedoy con la razón de ser del miedo.

Estaba buscando agua fresca con uno de ellos. Habíamos formado un pequeño campamento en la selva.El se puso a orinar. Yo mirba en otra direcfción. Y pesnaba en la locura de estarlo dejando todo para ir a europa. Ni siquiera sabía si me podría embarcar.Entonces lo escuché un ruido que venía del interior de la selva. 

Fuimos poco a pocopodrían ser aliados de los antiguos dioses esperándonos. El muchacho estaba nervioso. Silencio. La selva. Entonces lo vimos. Un ocelote, yo me quedé calmado. El muchachito salió corriendo y subimos hacia el barco. 

Había visto, por primera vez un ocelote. 

Increíble lo lejos que me había llevado la música y esa caricia. 

Ya en el bote, elmuchacho se pouso allorar. Es extraño ver llorar a un muchacho y más cuando ese muchacho es un guerrero. Estaba lloviendo así que no fue demasiado vergonzoso para é, pero todosa sabíasmos queestaba llorando. Lloraba tal vez por miedo, o por verguenza o por todo loque había visto que estaba sucediendo en esta tierra en que había acabado por fin el tiempo del quinto sol. 

Erarealmente impresionante la belleza de esta salvaje selva. Era mucho más impresionante de lo que yo había visto. Era muy distinta del laberinto del palacio de la señora Cornaro y claro, del campo en donde yo nací. Aquí la belleza exhuberante, el ruido,todo parecía estar vivo donde nosotros y fui imaginando la vida de estos muchachos que me iban acompañando para ir hacia Veracruz. Lo único qu edesaban en el fondo es que las cosas volvieroan a ser como antes, aunque existiera el miedo el terror a los mexicanos, un poco que las cosas volvieran a ser como antes. 

La imagen de Cortés era otra cosa que me llamaba la atención de ellos. Algunos lo consideraban un dios, otros, un demonio, pero todos hubieran querido que las cosas volvieran a estar,, justo como estaban antes de que llegaramos los esñaoles, o jejor, de que llegaran ellos, los que me castraron a mí para poder ser un instrumento tuyo, Dios en cuyo nombee tantas cosas malas se han hecho porque eres el único sabe hacer del mal, bien. 

Llegamos hasta un pueblo en el que el cacique se había largado y había dejado a todos ahí amerced de quien llegara. Se habían reunido los hombres del pueblo y nos dijeron que si seríamos sus gobernantes. No teníamos intencion de serlo, pero estaban preparando una fiesta. 

Nos dijeron que nos darían lo que quisiéramos y ellos en náhuatl pdiron que nos dieran de comer y nos llenaran las alcanforas de agua. 

Yo fui a dar una vuelta por el pueblo y encontré otra vez, los templos destruidos, las chozas y los niños que seguían jugando en las casas. 

Esa noche nos detuvimos ahí porque nos prepararon una fiesta. 

Era la fiesta de un grupo de mujeres. 

Todos los comenzaomoa a contemplar. Eran sus mujeres, nos las estaban ofreciendo como señal de paz con los ganadores. 

Era evidente que tenía yo que hacer como que estaba interesado aunque en el interior había hecho contigo el pacto hace mucho. 

Apareció la primera muchacha, los tambores, la segunda. Y comenzó el baile. 

Y los muchachos indígenas fueron batiendo las palmas y lostambores y ellas fueron bailando para demostrar su resistencia y seguía subiendo el climax y en las luces era una absoluta sensación de setar ahí arrojado, sin ninguna razón de ser. 

Era todo lo otro, amor hecho de vamos a reproducirnos, amor del que está para la sociedad. Era un pacto, un pacto social. Las muchachitas bailando mientras que todos los soldados gritaban y bailaban y tocaban las banderas. 

Yo realmente poco interesado estaba en auella cosa. Los niños del pueblo obesrvaban el show con descontento, como para saber qué. 

Lo único que querían era ya poder hacerse de una posición. Sus hombres habían muerto, era tiempo más bien de dejar que las uujeres se casaran o se aliaran, pero uno de los soldados se acercó y trató de agredirla. Aquello estaba comenzando a salirse de control. 

Estavez fuimos portierra y fuimos pasando por pueblos muertos, abandonados.La gente había abandonado sus calpullis, elos ríos estaban llenos de agua y no había nadie. Est´àbamos vacíos, secos,olvidados. 

Seguimos el camino hacia Veracruz, el camino de regreso a Europa. 

Te gustan las mujeres, me preguntó uno de ellos. Yo rtuve que mentir porque corría el reiesgo de morir. Los españoles me hubieran quemado, peroestos quien sabe qué harían de mi. Me respetaban sólo por el salvoconducto del futuro emperador de México, o de quien ellos creían que sería el emperador. 

Se cocinaban conspiraciones, todo mucno tenía miedo, tenían horror. Opdiaban a los mexicanos, pero también odiaban a los españoles. Cómo se iba a construir un país con esa gente?

Me habíua acostumbrado a tratar de no verlos.Tratar de no verles la cara, tratar de noveles ese cuerpo. QCómo habría sido su vida. Es exraño amar lo que no puede tenerse. Por eso, tal vez la música ha sido lo único que me salva de cualquier cosa y así, cuando ellos se quitaban la camisa e iban cantando a todo lo larco del país, así, iba yo pensando en el amor que me llenaba al ver a esos muchachos que por otro lado eran ten peligrososs, esos asesinos. 

Habían destruido una civilización y yo pensaba. Cómo voy a encontrar a Farid cuando vuelva a Eruopa. No se me ocurria otra soa.

Dónde estaría Farid en este momento? Do´nde estaría Adrian, quiero deicr? 

Me dieron a probar cacao. Era una cosa muy, pero muy amarga que hacía que todos revivieroamos. En

Entonces gritaron que había algo a la vista. Un grupo de muchachos que venían huyendo, un grupo de tlaxcaltecas que venían hunedo en sentido contrario. 

Entonces, yo deicdí separarme de ellos y seguir mi propio camino hacia el interior de la selva. Tenía el mapa, así que decidí ir solo, recorrer solo el camino de regreso y ellos, que dijeran a la princes alo que quisieran. 

Así fui pensando en todo lo que había aprendido, en todo lo que había sucedido en ese largo trayecto por la mitad del mundo uin camino en el que además había descubierto el mundo. Y fui solo constatando el horror de los pueblos muertos, de la desolación de un pueblo que se ha quedado sin dioses. Un pueblo que se ha quedado sin piedra angular, sin nadia que lo const  sin nadie en que sustentarse, sin monarca, ni lengua, ni dios, ni rey. 

Era eso. 

Y sentí que me iba siguiendo algo y miré detrás de mí y he aquí que vi un fuego. Y seguí mi camino hacia adelante. 

Pronto se me agotarían las provisiones. Había seguido una ruta poco poblada, pero elfuego seguía detrás de mi.Era como si yo mismo fuese quemandolo todo a mi paso, con la música, tal vez. Como si la música fuera contraria ala religión. Como si esta música tuya fuese contraria a esta tierra de ristoc y árboles en la cima de las montañas.

Farid · El mar del atardecer · Archivo de personajes