Los encontré junto a un riachuelo. Isaac estaba bañándose y Cristóbal tocaba la guitarra. Pequeño jaguar dormía a sus pies.
—¿Por qué me haces esto? —le pregunté muy enojado.
Cristóbal me miró sonriendo y dijo:
—Nunca te voy a dejar.
Seguí solo mi camino y fui recordando la tarde en que Farid me llevó a conocer el mar.
La forma en que me cicatrizaste y me devolviste el cuerpo perfecto y glorioso que vaga en descanso de todo mi ser, para cantar nada más y que viene desde la tierra hasta cerrarse aquí con todo lo que he visto, no sé para qué sirve que cante, para sé que eres salvaje y estás en lo más alto de las montañas del asia y en áfrica y desnudo de tiempo se que duele tanto a todos ellos como duele en mí la eternidad de este cuerpo y esta cicatriz. Estaba ya completamente limpio, no tenía ni siquiera la cicatriz del ombligo. Me vesti lo más alto que tuve y suí atrías de mí estaba la montaña, hambriento y a oscuras recorté minuto a minuto de mi cración. Quien fui antes otro nombre y otro nombre siempre un juramento me sacó de donde estaba y para salvarme de la
—una voz
Era Alejo
—Pensé qué diablo me llama ahora
—Qué haces allá adentro, ven
Alejo dijo saluda al príncipe y a pequeño Jaguar.
Ven. Me dio una manzana verde. Seguimos hacia el fin del undo a veces robábamos a veces era suficiente cantar con la virgen