No lo haré, pensó Farid. Ni en el cielo ni en el desierto. Se acordaría de esa casa y ha cumplido todos los días de su vida en este hombre cuyos brebajes y hierbas ardiendo le arrancaron la memoria. Lo hicieron descender hasta un río en el que bebió el agua púrpura del sin olvido y se purificó de todo dolor. El de las pócimas blancas y dulces. El que le ayudó a sobrevivir a la castración.
qué extraño lo que amamos de la vida. La carne, lo pienso ahora que comienzo a sentir que en efecto se acaba mi tiempo en Italia y que, como diría víctor de cuando estuvo en Marakame, puedo terminar por fin algo. Es lo primero que realmente estoy a punto de poder terminar. Y tengo miedo de hecho. y escucho noche prima de gli essami y lo que queremos que permanezca, esa reminiscencia que somos.
Son cosas que no queremos olvidar, por eso las compartimos y las guardamos y las atesoramos. somos esa memoria que va hacia el sin olvido: la verdad.