A pesar de su edad, con ayuda de Isaac, el joven Garci comenzó a aprender todo lo necesario para tomar posesión de su nuevos territorios. Su padre Luis Méndez se quedaría en España y durante el tiempo en que fuera menor de edad Isaac le ayudaría a organizar los mares de cultivo de perlas. Tuvo que aprender, primero las razones por las que los hermanos Colón cayeron en desgracia. El resumen era este, habían hecho de la tierra en que Isabel creyó que habría un mundo nuevo de solidaridad católica un lupanar. Habían esclavizado a los indígenas y se negaban a ofrecerles un precio justo por su trabajo. En poco tiempo tanto Garci como Isaac tendrían que aprender que ser justo y cultivar perlas eran dos cosas muy distintas. Para encontrar perlas en los mares de las Indias traían a niños de cinco o seis años a quienes se les amarraba al pie la bola de un cañón. Los niños, descendían hasta las profundidades donde cogían una o dos perlas y luego jalaban la cuerda en señal de que habían conseguido el tesoro. Muchos morían ahogados, los pulmones reventados, los oídos sangrantes por la presión. Pero en aquel momento el joven Garci se creía un auténtico caballero de la reina y estaba dispuesto a creer que podía llevar paz a una tierra en la que todos sabían que lo único que había era peste y enfermedad. Otro problema al que tendría que enfrentarse el protegido de la reina eran los piratas. Las riquezas que habían comenzado a llegar poco a poco a España causaron de inmediato la curiosidad de los grandes reyes de Europa. Había uno en especial que había llamado la atención de Isaac, un genovés que estaba convencido de que al norte de las islas descubiertas por Colón se encontraba un campamento de templarios. En la Tierra Nueva, se decía, se había escondido todo el oro que Felipe el Hermoso quiso robar a la orden de los caballeros. Yendo al norte descubrieron, en efecto otra isla a la que llamaron Groelandia. La habitaban hombres rubios. Pronto se hablaría de todo ello en la inauguración de las Juntas de Toro y Burgos, de las nuevas colonias en el Golfo de Darien, se hablaría de los poblados en Santa Marta y Cartagena. Convertido en uno de los personajes más importantes de las juntas, Isaac miraba crecer el mapa y conforme crecía el mapa del mundo crecían su curiosidad y su ambición.
Y mientras en Isaac crecía el deseo de conocer todas las geografías y empujado por la curiosidad de Isaac quien se había transformado en su mentor, en Farid crecía el deseo de volver al pasado, a una infancia que no había vivido y que sin embargo se le aparecía como un espejismo que se materializaba en una sola imagen, frente a una mezquita hecha con bloques de color turquesa, un muchacho, casi un niño bailaba con una serpiente descomunal. Era un sueño que todas las noches lo obsesionaba y él quería perderse en la geografía de ese recuerdo.