F0156 · Los creadores de un nuevo mundo

F0156 · El Reino Cimarrón / Los creadores de un nuevo mundo

Y era Guillermo de Ockham, según dijo el señor de Montijo era el alemán que había liberado a la mente que ahora podía organizarse, gracias a la imprenta en reuniones libres del yugo del falso vicario de Cristo. ¿Cómo podían seguir diciendo que Roma era una después de lo que había sucedido en Aviñón? Nadie podía seguir creyendo que había algo santo en señor de esta ciudad (y aquí Garci señaló a toda Roma como si fuese una ramera que ha sido encontrada culpable) después del Gran Cisma.

—Tal vez —comentó Alberto, más por saber que por defender a la Iglesia— Roma ha tenido que aliarse con el imperio a causa de las invasiones de todos los bárbaros.  Esta es la razón del imperio y por eso Aragón está tan interesada que el Carlos, el hijo de Juana y duque de Luxemburgo llegue, en su momento a ostentar el título de su abuelo y pueda ser emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

—Vamos con calma pequeño monje —dijo Garci completamente borracho. Aún la suerte no ha caído sobre Matías. La reina está enferma y los electores alemanes, te lo aseguro, no van a querer al nieto de un aragonés en el trono de Carlomagno.

—Han sido las universidades cristianas —dijo Alberto las que han promovido el estudio de la geografía.

—Tú los has visto hoy mismo. Han sido los árabes, los judíos y los genoveses. Han sido los mercaderes, como yo, los que estamos buscando las rutas. ¿Qué ha hecho el papa? Repartir un mar que no conoce entre España y Portugal. Los alemanes están furiosos, igual que los ingleses y son ellos, los banqueros alemanes y judíos los que controlan el mundo y promueven la nueva ciencia y el nuevo arte. Son ellos los creadores de un nuevo mundo.

—Los banqueros flamencos e italianos no tienen poco dinero.

Garci sonrió.

—Te han enseñado bien la apologética del cristianismo pequeño monje. Y cantas bien, pero no has entendido las falacias de todo eso que hoy quieren presentarnos como la única, la verdadera religión. Has leído el Corpum Hermeticum, pero dime. ¿Has leído los oráculos caldeos? Búscalos en la biblioteca de Isaac. Encontrarás ahí el lugar del que ha salido la noción de trinidad, las representaciones míticas y fantásticas que hoy con fantasía inocente le enseñan a un vulgo a quien quieren tener atado a sus rituales sin sentido.

Un mendigo se aproximó a pedirles una moneda. Alberto le dijo que se fuera y Garci ni siquiera lo miró. Sólo Farid extrajo de una molleja de piel una moneda que le dio. El hombre se fue dando las gracias a Cristo. 

—Helos ahí —remató el consorte—. Agradecen a Cristo de su miseria.

Lo dijo tan fuerte que el mendigo volvió y escupió al suelo frente al gentil hombre. Era un gesto atrevido porque podía morir, pero el hombre pidió a sus condotieros que se controlaran. El tipo escupió y lanzó las monedas a los pies del muchacho árabe. Dijo que no podía recibir dinero de un blasfemo y se fue.

Garci recogió el dinero y se lo devolvió a Farid quien lo recibió con asco.

No discutieron más. Tampoco cantaron. Se contentaron con respirar el aire plácido que subía del bosque del Gianicolo.

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