15
EL HAMMAM / LA MANO
El agua seguía tibia.
No se movía.
Como si esperara.
Farid no retiró la mano.
Tampoco la sostuvo.
La dejó.
Eso fue lo que cambió todo.
Alberto
—¡Siente! —dijo—. Qué frío estoy.
No era un juego.
No era seducción.
Era otra cosa.
Algo más desesperado.
Farid sintió el frío.
No en la piel.
Más adentro.
El tiempo
Se detuvo.
No como efecto.
Como hecho.
El murmullo del agua desapareció.
Los otros cuerpos no existían.
Farid
Quiso decir algo.
No pudo.
Porque no había palabras
para ese punto exacto.
El pensamiento
¿Me quieres como yo a ti?
No salió.
Se quedó ahí.
Pesando.
Alberto
No soltó la mano.
Pero tampoco avanzó.
Como si supiera
que un movimiento más
rompería todo.
El tercero
Isha apareció.
Siempre aparecía.
—Farid —dijo.
Nada más.
Pero fue suficiente.
El mundo volvió.
El corte
Farid retiró la mano.
No brusco.
Preciso.
Alberto
Se quedó inmóvil.
No dolido.
Expuesto.
El aire
El vapor volvió.
El agua también.
Pero algo ya no estaba.
El después
—¿Qué ibas a decir? —preguntó Alberto.
Farid no respondió.
Miró el agua.
—Nada.
Silencio.
El error
Eso fue lo que quedó.
No el gesto.
No el deseo.
El no dicho.
La noche
Salieron sin hablar.
El aire frío los golpeó.
No alivió.
Confirmó.
El jardín
Jorge estaba ahí.
Esperando.
No a ellos.
A algo que no sabía nombrar.
Abrazó a Farid.
Con fuerza.
Como si supiera que ese momento
no se repetiría igual.
—¿Qué voy a hacer cuando te vayas? —preguntó.
Farid no respondió.
Porque por primera vez—
no sabía si se iba
o si ya se había ido.
Alberto
Los miró.
Desde afuera.
Y entendió.
No con claridad.
Con herida:
no podía entrar ahí.
El mundo
Siguió.
Los pájaros.
El ruido.
El día.
Todo intacto.
Última línea
Pero desde ese instante—
mínimo,
irrepetible—
cada palabra que Farid volviera a pronunciar
ya no diría lo mismo.