F0261 · Cuauhtémoc siguió las ordenes de Cuitláhuac y condujo a sus hombres hasta el palacio del chapulín.

Cuauhtémoc siguió las ordenes de Cuitláhuac y condujo a sus hombres hasta el palacio del chapulín.

—Que nadie entre —ordenó el general—. Si es que vuelve Cortés que me avisen.

Preguntó:

—¿Pudiste matar al traidor?

Cuauhtémoc bajó los ojos.

—No soy asesino de mi padre, no soy asesino de un dios —respondió—. Y si por honor, no moví la mano contra Moctezuma, no moveré a uno solo de mis hombres contra Chimalpopoca. El será el rey de México Tenochtitlan.

—Aún si se convierte —preguntó Cuitláhuac.

Cuauhtémoc no sabía bien qué decir.

—No importa ya, es necesario que sepas, sin embargo, que en lo alto de la pirámide, se consumó el sacrificio. 

Cuauhtláhuac sonrió.

—Todo irá bien entonces. Si es verdad que ha muerto el dios que tenía que morir, todo irá mucho mejor. 

Cuauhtláhuac estaba realmente feliz.

Alístate —ordenó—, todo el pueblo está ya listo para levantarse contra los españoles.

Cuauhtémoc estaba tan perdido en sus pensamientos que no escuchó a Cuauhtláhuac jurar al dios negro de la guerra.  

—Sabio Tezcatlipoca juro que no quedará uno solo de los herederos de Moctezuma.

Atonatiuh despertó en lo alto de la pirámide. Bajó lentamente y era como si el mundo se hubiera acabado. Se encontró a Farid quien lo llevó por los caminos del mercado y le dio de comer.

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