F0873 · Farid comenzó a caminar y así salió de La Habana.

Farid comenzó a caminar y así salió de La Habana.

FARID RECUERDA LOS JURAMENTOS

Ahora Farid es venas que se revientan. El corazón está a punto de salírsele. Se le llenan los torrentes y se llevan toda felicidad. 

Esto no es caricia ni un juego, no es el beso que en el jardín le dio la señora. Es un golpe seco e Farid se siente penetrado con asco. Se ha vuelto ya un esclavo de los pies a la cabeza. Desnudo y enajenado de si mismo. 

Sólo se ama quien comparte las cicatrices. Tú morirás, Mohamed, ellos también morirán. Hay una sola cicatriz. Incluso la cicatriz de la violación de Farid, todas son arañazos.

Farid miró al hombre desplomarse junto a él. Tenía la boca llena de su aroma.

El hombre le dio un dinero y dijo: 

Gracias.

Farid tomó la mano de Farid, le puso una daga, la llevó a la garganta del hombre y de un solo tajo le cortó la garganta. 

Farid se quedó tan sorprendido que todo volvió a desaparecer. Una mujer afila cuchillos. Una choza de olores agrios. 

Nunca vamos a hablar de lo que ha sucedido aquí.

El hombre cayó desplomado a los pies de Farid. 

Los muchachos habían corrido ya fuera del palacio. 

Jorge Estévez quedó muerto sobre un charco de sangre. Farid se decía: Acabo de matar un hombre. Soy un esclavo y acbo de matar a un hombre. Discúlpame por todo lo que te he hecho, discúpame por todo, vete de aquí. 

¿Qué sucedió? Farid no sabe. Unos soldados dan vuelta en la esquina. Tienes que huir, dice Farid.

Farid se siente perseguido. Cada gesto, cada persona que lo mira. Sabe que va a morir. 

Rashid se siente perseguido. Cada gesto, cada persona que lo mira. Sabe que va a morir, que los van a matar. 

Ellos, los esclavos mataron a un cristiano. Siente ya la inquisición. Siente de un golpe nostalgia por todo lo vivido, pensar no era tan malo, nostalgia de aquel horror en casa de la princesa Cornaro:

Maté a un cristiano, dice Farid. Siente ya encima de sí a la inquisición. Farid sintió a nostalgia por todo lo bueno y todo lo malo que había hecho. Nostalgia de todo lo que labró de todo lo que sucedió antes del encantador de serpientes. Vámonos de aquí. ¿Qué vas a hacer cuando me muera? 

Buscarte, murmuró Farid y fue la primera vez que pronunció una palabra.

Farid no tuvo tiempo de sorprenderse. Farid se recostó en su pecho y los dos se sentaron en el quicio de una puerta a esperar que vinieran por ellos.

Acabo de matar a un hombre.

Farid despertó. Estaba solo. Un viejo vino y le dijo en italiano: Farid me pide que te lleve lejos. Fue así que comenzó la travesía que llevó a Farid hasta América.

Buscarte dijo Farid asomado a la escotilla. La luz dorada se había vuelto azul.

Farid y Farid llegaron a una casa de piedra con jacintos y magnolias. Se abrió la puerta y un negro los condujo a través de pasillos hasta las recámaras en la parte alta del palacio mediterráneo. ¿Por qué nos trajiste aquí? Sh.  Sean buenos. Stai Zitto.

De un golpe se abrió la puerta. A través de un jardín con palmeras y fuentes, un esclavo condujo a los muchachos hasta las recámaras en la parte alta del palacio mediterráneo. 

¿Por qué nos trajiste aquí? 

— Sh.  Sean buenos. Stai Zitto. 

El esclavo les ordenó desvestirse. 

Farid preguna a Rashid con los ojos. 

— Es una orden —dice el esclavo negro. 

Rashid asiente con la cabeza, se quita las sandalias, se desviste. Su cuerpo es hermoso y muy delgado. Farid cuando mira ese cuerpo desnudo siente como si fuera música.

Farid se desviste también. Rashid y él se sonríen.

El español acomoda al niño en su regazo, lo acomoda, lo mece, lo voltea. El esclavo es un trapo, un juguete que ha perdido las articulaciones. Farid se mueve, grita, el hombre le da una cachetada. Gritos, al hombre le gusta la violencia. El hombre lo toma por el cuello y le lame el pecho. Farid está sorprendido y le asusta la violencia y el dolor que todavía siente, que no se le pasa. A esto nos mandó signor Cornaro. Se siente traicionado. Ella también lo sabía. Todos los europeos son esto.

El español muerde el cuello de Farid, sube por la espalda, de un golpe lo penetra, el niño busca zafarse, el hombre gime, está a punto, se controla, le da tanto placer esto que está haciendo. Los esclavos miran a través de agujeros en las paredes.

Soy ese monito verde, pensó Farid después de la

violación. A esto siguen una y otra vez entregar el cuerpo

desnudo al cura que bendice antes de blandir la lanza y

penetrarte.  Soy ese monito verde, pensó Alessio, tu bastón, y te he traicionado. 

Farid comenzó a caminar y así salió de La Habana.

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