F0396 · Farid en el siglo XXI canta. Comienza la plegaria eucarística.

Farid en el siglo XXI canta. Comienza la plegaria eucarística.

En el siglo XVI, Farid ha encontrado una casa entre los esclavos cimarrones.

Farid se emborracha. Claudia trata de hacer el amor con él. Farid piensa que si saben su secreto lo matarían.

Farid escucha la voz del fuego: eras un ángel que se perdió con la caída de Luzbel. Farid despierta aterrado y le pide a Miguel que se vaya con él. Miguel se niega. Farid vuelve a patir.

Y sin saber cómo, sin tener idea de lo que estaba sucediendo, mientras ellos hacían ruido, llegó el otoño y aunque estábamos siendo emboscados, nos movíamos hacia donde las cosas eran cada vez siguieron avanzandoalguien allá adentro, un dios. El encantador de sepientes. Lo habían visot. Y aquí estábamos, buscándolo porque lo habíamos escuchado, lo habíamos soñado. Lo habíamos vivido. Pero sólo yo lo había visto, al encantador de Serpientes y lo iba buscando con mi Virgen de lade las tribulaciones. 

A dónde vamos, me preguntó. Vamos hasta el otro lado. Ahí está el fin del mundo. Eso no existe. Llevame cerca de donde vamos y los dejaré ir. Yo no soy ningún Dios. Allá está la tierra más peligrosa. 

Acaso los hombres y las mujeres que están en el campamento han tenido hijos? Acaso los amaron como nosotros? En la guerra hay momentos en los ue siempre se espera lel lo heroico. Y se mata viendo a los ojos del enemigo. Me fui perdiendo de lo que significa morir. 

Entonces hice algo con mi virgen de los peregrinos. Llegamos a un puesto, el último lugar donde habían llegado los blancos. Más allá sólo estaban los cimarrones. Completamente llenos de la carne de Dios seguimos caminando hacia el centro. Has llegado hasta donde no hay nada más allá. Después de lo que había sucedido, nunca más me verían igual. Yo me había convertido en el san alejo que vuelve a casa de su padre.

No había pasado un mes desde que Roberto insistiera en que un hombre que busca su libertad debe ser segregado de los otros cuando desperté tirado en una acequia. Había bebido toda la tarde y soñé con cabezas cortadas aunque esto pude recordarlo hasta 

esa noche cuando tuve por vez primera, mucho miedo a dormir. Corrí a catedral y tuve tiempo de llegar a misa. Nadie había notado mi ausencia y yo, temeroso del sueño, esa noche volví a escapar aunque volví antes de que amaneciera.

La primera reacción a la altanería de desear mi libertad vino de Roberto. El maestro que antes me había tratado con tanta amabilidad se negó a hablarme una semana y después, conmigo presente, me convocó a una reunión del cabildo en la que pidió que me regresaran.  La cuestión lo movió por dentro, porque descubrió que no había a dónde regresar. El único camino posible en aquel momento, pensaba, era la libertad. El cabildo, los ministriles, aún el maestro siguieron puntualmente la decisión del obispo. Se separó a Daniel del canto de la liturgia de las horas, de los salmos de domingo, de las vísperas. Fue confinado a dormir solo. Expulsado de la compañía de los otros se convirtió un paria hasta que un día descubrió que la reja de su celda estaba rota. Tal vez el antiguo habitante de aquella estancia hubiese escapado. Él decidió seguir los pasos de aquel y se dispuso también a escapar.

Farid · El mar del atardecer · Archivo de personajes

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