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1529

El mundo se deshace y se rehace en un murmullo de voces que no cesan. En Tlaxcala, los frailes levantan muros que no contienen el cielo, y pintan alas en los cuerpos de los vencidos. Fray Julián Garcés contempla a los indígenas alados, y dice: “Al volar, se elevan hacia Dios”. Pero en los ojos de los hombres hay más tierra que cielo, más memoria que redención.

Farid y Atonatiuh, junto al fuego, se preguntan si esos ángeles existen. Farid responde que existen en lo que representan: promesas, esperanzas, la manera en que los hombres tratan de darle sentido a lo que no pueden comprender. Atonatiuh, en silencio, observa el fuego y las imágenes del mural se entrelazan con su sueño, formando una narrativa que aún no puede descifrar.

En la capilla, un fraile narra la visión de un indígena: Santa Magdalena y Santa Catalina señalando caminos distintos. Atonatiuh pregunta cuál eligió el hombre, y el fraile responde: “Eligió el del mar. No porque fuera el más fácil, sino porque allí encontró su redención”.

Pedro de Gante, en la Ciudad de México, funda la escuela de San José de los Naturales. Enseña a los hijos de los nobles indígenas la fe cristiana y los oficios que les permitirán sobrevivir en un mundo cambiante. Sus estudiantes aprenden a leer, escribir, cantar y predicar. También aprenden cantería, carpintería, sastrería, zapatería y herrería. Pintan imágenes y retablos para los templos de toda la tierra.(Wikipedia, Arqueología Mexicana)

En el sur, Gonzalo de Alvarado funda la villa de San Salvador en abril de 1525. La ciudad, establecida en el valle de Las Hamacas, es arrasada por los indígenas en 1526 durante una insurrección general. En 1528, Diego de Alvarado la refunda en el valle de La Bermuda, en las cercanías de Suchitoto.(Wikipedia, Wikipedia)

Mientras tanto, en la expedición a Honduras, Hernán Cortés ordena la ejecución de Cuauhtémoc el 28 de febrero de 1525, acusándolo de conspiración. El último huey tlatoani mexica muere ahorcado en un árbol de pochote, marcando el fin de una era.(Gobierno de México)

En este mundo de cambios y conflictos, Atonatiuh y Farid encuentran en su amor un refugio. Su historia, en medio de la grandeza y la complejidad del México del siglo XVI, perdura como un recordatorio de que el amor verdadero no conoce límites ni fronteras. Y así, incluso en los tiempos más oscuros, encuentran en su amor un altar donde las guerras y las diferencias no pueden alcanzarlos.

Farid · El mar del atardecer · Archivo de personajes