F0124 · ¿Qué voy a hacer cuando se nos acabe el tiempo? La…

¿Qué voy a hacer cuando se nos acabe el tiempo? La pregunta le atraviesa como un filo, pero la respuesta, cruel y sencilla, ya está dentro de él. Te buscaré. Siempre te buscaré. No importa cuántas veces el mundo se desmorone ni cuántas eras pasen por encima de mí como un río arrastra la arena. Te buscaré porque no puedo no hacerlo. Es lo único que tiene sentido ahora, lo único que queda cuando todo lo demás se ha quemado y convertido en cenizas.

Si tengo que esperar, que el tiempo sea mi penitencia, piensa. Que los siglos caigan como velos interminables y me dejen siempre aquí, en esta quietud, porque esa espera, en su castigo y en su promesa, es mi redención. Si todo lo que tengo es esta idea, esta certeza de que al final de todas las cosas estarás tú, entonces puedo soportarlo. La razón lo llena, lo sostiene, aunque sea frágil, aunque se tambalee como una llama que apenas logra mantenerse encendida.

El tiempo, por cruel que sea, lo envuelve con su manto helado. Se obliga a olvidar al gordo impúdico, con su carne abyecta y sus deseos arrastrados en fango y lujuria. Ese recuerdo no merece quedarse, no puede manchar el espacio que pertenece a Farid. Solo Farid. Todo lo demás es ruido, un eco lejano que se pierde. Pero Lucía… Lucía, con su amor perfecto, aún brilla en su memoria como un destello de lo que pudo haber sido. No era real, lo sabe ahora, pero su libertad adolescente lo había engañado por un tiempo. Había creído que el amor era eso: un sueño tan azul como el cielo, tan hermoso como defectuoso. Ahora entiende que no era el cielo lo que buscaba, sino el fuego.

Las luces se alzan en su mente, destellos que se apagan con lentitud, dejándolo en la penumbra. Las calles de Flandes, donde todo arde y las llamas bailan, son el reflejo de su alma. Allí está, caminando, perdido y persistente, siempre persistente. Porque lo único que tiene claro, lo único que arde con más fuerza que esas llamas, es que ama a Farid más que a nada en el mundo.

Farid es su comienzo y su final. Es el puente entre lo que teme y lo que desea. Y por eso lo buscará, en esta vida y en todas las que vengan después. El amor no necesita permiso para existir, y ahora Alberto lo entiende. Te buscaré, piensa, porque no sé ser nada sin ti.

Farid · El mar del atardecer · Archivo de personajes