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Observaron la gran fiesta del cumpleaños número cuatro de Selim, el hijo de Solimán.
Pasó el tiempo y cuando Isaac tenía ya unos once años, Martín lo envió junto con Farid e Isaac a entregar una carta a otro italiano. Le dijo como si tuviera vergüenza con sus sirvientes:
—Quiero que traten bien a Juan Carlos, es socio mío en el negocios que tenemos con holandeses.
—Señor —contestó Isaac—, ¿acaso alguna vez no hemos sido amables con tus amigos?