F0211 · 1571 diciembre, 24. Año del Señor de 1691. Bahía secreta al…

1571 diciembre, 24. Año del Señor de 1691. Bahía secreta al sur de la Sierra Madre del Sur, entre Guerrero y el océano. Hora: 06:47, primer resplandor.

Farid se levantó con el alma en carne viva. No era dolor. Era una calma nueva, insoportable, como si algo en su interior hubiera sido reordenado por manos invisibles. Mā šāʾ Allāh, pensó. Así lo había querido el Omnipotente.

Se despidió del viajero con un solo gesto, sin lágrimas, sin ceremonia. Aquel que con un trozo de pan había apaciguado su hambre ancestral —la que venía desde la casa de Susana, desde antes del tiempo— ya había seguido su camino.

Ahora, él se dirigía al mar.

El mar turquesa lo esperaba, extendido ante sus ojos como un lienzo inacabado. Una promesa no dicha. Pensó en todos los que lo habían mirado antes. Colón. Vespucio. Los colonos que llegaron con fuego bajo la lengua. Y se preguntó, con un dolor antiguo: ¿Existía realmente la libertad?

Él la había buscado más allá de cualquier mapa trazado por geógrafos árabes. Más allá de las rutas enseñadas por sus maestros, más allá incluso de la lógica. Y ahora, de pie frente al confín del mundo, entendió: había llegado al lugar donde se pone el sol.

Mā šāʾ Allāh, repitió al viento. Como un salmo. Como un secreto.

Pero el recuerdo lo desgarró.

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