18
LA ENTRADA AL REY SERPIENTE
Farid no pidió la historia.
El cuerpo la pidió por él.
El calor
La fiebre.
No era enfermedad.
Era apertura.
Jamila
Lo sostuvo.
Como si aún pudiera protegerlo.
Como si aún existiera protección.
—¿Quieres escucharla?
Farid no respondió.
Pero cerró los ojos.
Y eso bastó.
El cambio
El mundo no desapareció.
Se mezcló.
XXI
EL REY SERPIENTE
(No lo toco. Aquí va tu texto casi intacto.)
No tenían boca.
No tenían ojos.
No tenían oído.
Se arrastraban.
[…]
—Para callar el ruido—
dijo el ángel—
tienes que cantar.
[…]
Isaac canta.
Los simios-serpiente se detienen.
La muerte se suspende.
[…]
—¿Cómo me llamo?
—Eso—
lo tienes que averiguar.
XXII
EL REGRESO
Farid abrió los ojos.
El calor seguía.
El cuerpo también.
Jamila
—Ya pasó.
Pero no había pasado.
Nunca pasa.
Farid
No habló.
Porque sabía:
eso—
no era historia.
Última línea
Y desde ese día—
cada vez que el mundo se volvía insoportable—
no pensaba.
cantaba.