F0241 · Esa tarde, Tío Valentín tuvo una larga conversación con Pedro de Gante:

Eres el más hermoso de los hijos del hombre. La asamblea responde en gregoriano. La monja Valentina se dio cuenta de que había venido Fray Juan.

Esa tarde, Tío  Valentín tuvo una larga conversación con Pedro de Gante: 

¿Sabes? le había dicho Había una vez un pirata que, después de un naufragio, se convirtió. Amarró su cuerpo al palo mayor. Así estuvo amarrado, días, muchas semanas en un mar en calma. Se confundía entre el cielo y el mar y no sabía si miraba al cielo o al fondo del mar. En semejante inmovilidad sintió de pronto que estar ahí era participar de la luz de Cristo. Pero lo importante es que estar ahí evitó la desorientación. ¿Cómo sabes que existe el arriba y el abajo? Lo muestran mis cicatrices. Este es el sentido del sacrificio. Moverse. Caminar. El palo milagroso de Moisés se alzaba sobre las cabezas de los hebreos con una serpiente colgada. Y los hombres que la miraban se curaban. Era el símbolo del mal, del enemigo, del que dice mentiras. Dios alzó en ese palo no al mal sino a la más radical verdad.

En verdad preguntó fray Juan, crees que Dios se hace hombre en la Eucaristía.

Es claro que sí. Es obvio por todo lo que se mueve en torno a la Eucaristía, por las catedrales, por esta música. Qué tontería pensar que Dios puede entrar en un pan ácimo. Es idólatra. Pero, si uno piensa que Dios puede hacerse pan resulta hacerse pan, pero si uno piensa que ese mismo Dios que hizo el mar en el que navegaba el pirata confuso, resulta más poderoso. Es la única forma de hacerlo porque mirarlo de otra forma nos destruiría. Tiene que ocupar lo sutil, él que es lo descomunal. Se oculta detrás de su creación para no despertarnos. 

Y cuando dos se quieren, Dios cierra la puerta. Dios nos hizo creadores con él. Por eso podemos equivocarnos. Todos tenemos esta noción, esta cicatriz, hemos naufragado, pero ¿por qué? Son ciertas las cicatrices: Isaac cerró los ojos tan fuerte que podía mirarse las venas en los párpados. 

En México seguía la música y hacía silencio en el corazón de Zumárraga. Un silencio más profundo que todas las voces juntas de aquellos niños. Todos al cantar lo conducían más lejos del tiempo. Lo condujeron a la habitación de la música. Su voz era una sola voluntad. Una respiración de ochenta pulmones. Una voz que se enreda con otra voz como un salmo que responde a otro salmo en la liturgia. Un sonido perfecto. 

El sufrimiento padre, dijo Tío  Valentín, es una forma de comunicación. ¿Quién iba a salvarse por la inteligencia o la belleza? 

Juan de Zumárraga sólo ha sentido esa placidez después de rezar varias horas.

Isaac quisiera escapar por la ventana. Ha terminado el ingreso. La música se oculta en el silencio. Sabe a niñez.

En las cimas de México y en la cima de Famaugusta Isaac y fray Juan se hacen de muy distintas cicatrices. 

Tienes razón dijo fray Juan. Fray Pedro ha conseguido que en esta iglesia habite Dios. 

La conversación con Pedro de Gante se intercorta con el sacrificio humano y con el sacrificio de Farid por Isaac 

Un guerrero náhuatl de aspecto apacible, caminaba tranquilo por los senderos que se han vuelto selva en las afueras de 

¿Cuál es el sentido del sacrificio?

Tenochtitlan. El hombre se detiene a mirar una hierba. 

Arranca un trozo, la huele. Pone un pedazo muy chiquito en la lengua y la saborea. Nunca había visto esta hierba. Son tantas que no basta una vida. Sigue caminando. Mezclaba el sabor de la hierba con la saliva. Habrá que esperar a saber qué pasa, aumentar las dosis poco a poco para saber: esta hierba para qué sirve. Saver el sabor de las hierbas que esto es Cuauhtleco, un sabio. 

En la laguna de lo que hoy es Xochimilco, se mira Chimalcóatl. El cuervo vuela sobre la superficie y el sol parece una llama por la mañana y extiende sus dedos sobre los lirios. Parece que el sol quisiera retomar Tenochtitlán. 

Sol traidor, piensa Chimalcóatl, el Tlaxcalteca. 

Las cosas no debieron ser así. No debieron sustituir nuestro pasado por el Dios de los de Castilla. 

Chimalcóatl lanza ramitas al lago. Se siente traidor y traicionado y traidor. Ha traicionado a este Dios en el que han invertido tanta sangra, sol que sigue saliendo también para los españoles. 

Rompimos los hilos, piensa. Tal vez por eso nos traicionaste. 

Chimalcóatl hubiera seguido pensando. En el reflejo del lirio sobre la superficie del lago, abajo, como en otro mundo, un pez devora otro pez al fondo del lago y en el cieno se escapa por donde están los tesoros.

Hola Chimalcóatl. 

Cuauhtleco llegó en otra balsa. Llegó silencioso, por la derecha. 

Vamos a redimir el honor de los tlaxcaltecas. 

Cuauhtleco asintió. El viento estaba meciendo los lirios en la laguna, pero todo tan silencioso.

Vamos al refugio pidió Chimalcóatl ¿Traes hombres contigo? 

La diosa.

No vamos a traicionarte. 

Lo sé. Querían acompañarme. Preferí caminar solo. 

Remaron hasta la orilla. A Chimalcóatl lo esperaban unos veinte hombres de Tlaxcala. 

Cayeron de hinojos frente a él. 

He aquí el tlatoani de México Tenochtitlan. 

Cuando Mateo Cuauhtleco se tomaron los brazos, juraron caminar al lado del heredero de Cuauhtémoc, Mateo, primer tlatoani del sexto sol.

Al día siguiente Farid vino por Isaac a la iglesia. Antes de subir al barco, Farid le dijo: confía en él. Antes de venir fui esclavo de un viejo portugués que es dueño de este navío. Ellos van a llevarte lejos. Van a llevarte a América.

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