F0390 · Farid recuerda todo de un golpe. Memorias arborescentes que

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Farid recuerda todo de un golpe. Memorias arborescentes que

aquí desaparecen porque vuelves a cantar. Canta Farid en el

coro de la primera catedral. En la nota más grave de sus

cuerdas siempre de niño tiene de pronto una convicción.

Quiere ser puro. Le parece de pronto que la castración ha

sido una señal del Único que lo quiere ver así siempre,

siempre niño Dios aquí en México, ofrenda que se entrega en

la mezquita de Damasco.

Farid todo lo sobrevive. Sobrevivió la castración, el barco y

el trayecto de Veracruz a Tenochtitlan. Sobrevivió los baños

de Estévez y cuando el viejo se hartó de sus propias culpas,

Farid sobrevivió también la orden del cabildo: Que su

excelencia no lo quiere más, que el mulato es hipócrita, que

es bárbaro, y blasfemo que hay que devolverlo. ¿A dónde?

—No lo quiero más —dijo Estévez. Así quedó escrito: No lo

quiero más, en letra chueca del escribano ¿y a dónde vamos a

devolverlo? No lo quiero más, dijo Estévez.

La catedral le ordenó dormir en un cuartito en el edificio

que da hacia la columna. Farid es libre. Nunca ha tenido un

cuarto para sí mismo.

§

 Por las noches le gusta vagar en la

ciudad Así conoció a Manuel.

Manuel. Con él la voz se le vuelve ligera, es una guitarra.

Pasea con él y luego vuelve a dormir. Se olvida de la cama de

Estévez. Espera que el ojo no venga y se solace en su

desnudez.

Farid duerme en la catedral. Un día escucha una voz:

—¿Sabes quién soy?

Fue la primera vez que Farid lo escuchó.

—¿Quién eres?

—El de ojos violetas que suele cambiar entre el todo y el

Uno. Nunca me traiciones, Farid que voy a enseñarte a

cicatrizar.

     —¿Dónde estás?

     —A veces soy Todo y a veces soy Uno. Canta. Quiero que

cantes para mí.

     —No sé ninguna canción.

     —¿Recuerdas al encantador de serpientes?

—Si.

     —Canta como si estuvieras encantando una serpiente.

Farid abrió por primera vez los ojos y comenzó a cantar algo.

Cualquier cosa. Miraba fuera de la ventana y Tenochtitlan

parecía vaciarse y los muros se volvían los muros color

turquesa de Damasco.

Farid · El mar del atardecer · Archivo de personajes

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