F0437 · Se convenció de que no podía cantar como Farid porque le…

Se convenció de que no podía cantar como Farid porque le faltaba su inocencia, su santidad. El, Jorge, tenía sueños perversos con su primo Juan II de Chipre con quien vivió cuando era niño. Y en la plegaria nocturna le pedía a Dios y a Cristo, a Alá y a la Virgen: quítame este deseo, estas ganas de ser amado de modo perverso. Poco a poco comenzó a meterse en la batalla entre un sí y un no. “¿lo amas?” se preguntaba “!Claro que no!”, se respondía. “Ya amaba yo la belleza de sus ojos antes de conocerlos”. “La belleza existía antes de que subiese los caminos del bosque”. “¿Lo amas?” “¡Claro que sí! Es todo lo que deseo, porque la belleza habita en él más que en ninguna criatura y en amarlo exalto la sapiencia de Dios”.

Farid · El mar del atardecer · Archivo de personajes