F0176 · El Reino Cimarrón / Porque contigo puedo cantar
1520, junio 26. La pirámide.
Atonatiuh despertó con la piel pegajosa, el aire espeso de sangre y ceniza. Desde lo alto de la pirámide, vio lo que no quería ver.
Cuitláhuac avanzaba como un dios de la guerra encarnado en carne y furia. Sus hombres lo seguían, y el filo de sus cuchillos eran estrellas negras en la penumbra.
El rey cayó.
El sacrificio había sido consumado.
Farid estaba ahí cuando Atonatiuh bajó. Sus manos, sucias de ceniza, le ofrecieron algo de comida.
En la ciudad, solo un hombre parecía feliz.
Farid caminó entre los despojos, recogiendo sobras de comida. Los llevó consigo, con una determinación que no tenía explicación.
—¿Por qué haces esto? —le preguntó Atonatiuh.
Farid sonrió, con la tristeza de un niño que nunca había sido niño.
—Porque contigo puedo cantar.
F0176 · El Reino Cimarrón / Porque contigo puedo cantar
1520, junio 26. La pirámide.
Atonatiuh despertó con la piel pegajosa, el aire espeso de sangre y ceniza. Desde lo alto de la pirámide, vio lo que no quería ver.
Cuitláhuac avanzaba como un dios de la guerra encarnado en carne y furia. Sus hombres lo seguían, y el filo de sus cuchillos eran estrellas negras en la penumbra.
El rey cayó.
El sacrificio había sido consumado.
Farid estaba ahí cuando Atonatiuh bajó. Sus manos, sucias de ceniza, le ofrecieron algo de comida.
En la ciudad, solo un hombre parecía feliz.
Farid caminó entre los despojos, recogiendo sobras de comida. Los llevó consigo, con una determinación que no tenía explicación.
—¿Por qué haces esto? —le preguntó Atonatiuh.
Farid sonrió, con la tristeza de un niño que nunca había sido niño.
—Porque contigo puedo cantar.
F0176 · The Maroon Kingdom / Because with You I Can Sing
26 June 1520. The pyramid.
Atonatiuh awoke with sticky skin, the air thick with blood and ash. From the top of the pyramid, he saw what he did not want to see.
Cuitláhuac advanced like a god of war incarnate in flesh and fury. His men followed him, and the edges of their knives were black stars in the gloom.
The king fell.
The sacrifice had been consummated.
Farid was there when Atonatiuh came down. His hands, dirty with ash, offered him some food.
In the city, only one man seemed happy.
Farid walked among the wreckage, gathering scraps of food. He took them with him, with a determination that had no explanation.
—Why do you do this? —Atonatiuh asked him.
Farid smiled, with the sadness of a child who had never been a child.
—Because with you I can sing.