F1048 · 1282–2026…

1282–2026

Farid, nacido en 1282, deambula por las callejuelas de Damasco, donde el tiempo se curva y las sombras susurran secretos antiguos. Allí encuentra a Al-Hakim, heredero del imperio fatimí, quien, sin saberlo, ha sido tocado por la inmortalidad. No es la alquimia la fuente de su eternidad, sino la Virgen de la Tribulación, que, disfrazada de mendiga, le otorga el don que él atribuye a sus estudios esotéricos.

Mientras tanto, en Constantinopla, la familia Comneno observa desde sus palacios la decadencia de Bizancio. La ciudad, antaño gloriosa, cae en 1453 ante los otomanos, y los Comneno huyen a Trebisonda. Allí, en 1461, el último emperador, David, entrega la ciudad al sultán Mehmed II. Solo un niño sobrevive, Jorge, quien, por misericordia del sultán, es llevado a Constantinopla y convertido al islam, perpetuando la línea Comneno en la sombra.

En 1495, Carlos VIII de Francia invade Italia, ocupando Nápoles y provocando la formación de la Liga Santa. Ese mismo año, Cristóbal Colón regresa a España con esclavos indígenas, mientras en La Española los taínos, liderados por Caonabo, resisten la conquista. Caonabo es capturado, pero escapa y continúa la lucha, aunque la resistencia indígena se debilita con el tiempo.

En 1496, los árabes entregan La Alhambra a los cristianos, marcando el fin de la presencia musulmana en la península ibérica. Colón inicia su viaje de regreso a España, llevando consigo indígenas y enfrentando críticas por su trato hacia ellos. Ese mismo año, Bartolomé Colón funda Santo Domingo, y nace Cuauhtémoc, el último emperador azteca, durante un eclipse que presagia su destino trágico.

En 2026, en San Miguel de Allende, México, los descendientes de los Comneno y de Don Juan Manuel, los Manuel de Villena, sucumben frente al icono de la Virgen de la Tribulación. Inés Sánchez Manuel de Villena, última de su estirpe, contempla el rostro de la Virgen y comprende que el tiempo es un ciclo eterno, donde los destinos se entrelazan y repiten.

San Alejo, el santo que no murió, deambula por el Aventino de Roma, su cuerpo incorrupto moviéndose entre los siglos. Farid, aún vivo, observa desde la distancia, testigo de una historia que nunca termina, donde la inmortalidad es tanto bendición como condena.

Así, la historia del mundo se teje en un tapiz de encuentros y despedidas, de conquistas y caídas, de fe y escepticismo, donde los hilos del pasado y del futuro se entrelazan en un presente eterno.

Farid · El mar del atardecer · Archivo de personajes