F1198 · TENOCHTITLAN / LA PROCESIÓN

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TENOCHTITLAN / LA PROCESIÓN

Isaac no dejó de caer.

Pero la caída cambió de forma.

Ya no era túnel.

Era canto.

El órgano irrumpió.

El humo subió.

El incienso lo atravesó como una memoria que no era suya.

—Ad crucem —dijo alguien.

Isaac no estaba en Cuetzalan.

No estaba en Roma.

Estaba de pie.

Cantando.

La voz

No temblaba.

Nunca temblaba.

Era perfecta.

Como la de Farid.

Como si el tiempo no pudiera tocarla.

Y en ese instante—

sin que nadie lo dijera—

Isaac entendió algo insoportable:

no había cambiado de lugar

había sido colocado

otra vez

El ingreso

Las sandalias.

El aire.

El peso del cuerpo.

Todo coincidía.

Famagusta.

El desierto.

El hammam.

El corte.

Todo estaba ahí.

Pero sin historia.

Solo como presencia.

El momento

Levantó la voz.

No para cantar.

Para sostener el instante.

Y entonces—

lo vio.

Allá abajo.

Entre la gente.

Quieto.

Mirándolo.

—Era Isaac.

Silencio.

El desdoblamiento

No era recuerdo.

No era visión.

Era simultáneo.

El que cantaba.

El que caía.

El mismo.

Hakim

No apareció.

No hacía falta.

Estaba en el gesto.

En la precisión.

En el hecho de que todo coincidiera

demasiado bien.

La misa

La cruz pasó.

La gente se inclinó.

Pero Isaac no.

Porque entendía algo más grave:

eso también funcionaba.

El corte (otra vez)

No en el cuerpo.

En la percepción.

Todo lo que veía—

el altar

la cruz

el niño

el bautismo

no era fe

era estructura.

Martín

Cerró el libro.

Y salió.

No para escapar.

Para entrar.

—Es mejor vivir que leer —pensó.

No sabía.

Pero ya estaba dentro.

La noche

Caminó.

No hacia algo.

Hacia el mismo lugar

que todos los otros.

El fuego.

Los muchachos.

El alcohol.

La risa.

—Soy el hijo del emperador.

Y nadie lo creyó.

Porque eso—

eso no importa.

Isaac

Sigue ahí.

En el coro.

En la calle.

En la caída.

No se mueve.

Se distribuye.

El encuentro

Juan se acerca.

—¿Tienes hambre?

—Sí.

No hay simbolismo.

No hay redención.

Solo continuidad.

Hakim (distante)

No interviene.

No corrige.

No absorbe.

Porque ahora—

hay demasiadas capas abiertas.

La grieta real

Por primera vez—

algo no encaja del todo.

No el sistema.

No el canto.

No el cuerpo.

Sino esto:

la simultaneidad

ya no se sostiene perfectamente.

Isaac

Lo siente.

No lo entiende.

Pero lo siente.

Algo se desajusta.

Mínimo.

Pero suficiente.

Última línea

Isaac sigue cayendo.

Pero ahora—

la caída

tiene dirección.

No hacia abajo.

Hacia algo

que aún no ha sido nombrado.

Farid · El mar del atardecer · Archivo de personajes

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