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TENOCHTITLAN / LA PROCESIÓN
Isaac no dejó de caer.
Pero la caída cambió de forma.
Ya no era túnel.
Era canto.
El órgano irrumpió.
El humo subió.
El incienso lo atravesó como una memoria que no era suya.
—Ad crucem —dijo alguien.
Isaac no estaba en Cuetzalan.
No estaba en Roma.
Estaba de pie.
Cantando.
La voz
No temblaba.
Nunca temblaba.
Era perfecta.
Como la de Farid.
Como si el tiempo no pudiera tocarla.
Y en ese instante—
sin que nadie lo dijera—
Isaac entendió algo insoportable:
no había cambiado de lugar
había sido colocado
otra vez
El ingreso
Las sandalias.
El aire.
El peso del cuerpo.
Todo coincidía.
Famagusta.
El desierto.
El hammam.
El corte.
Todo estaba ahí.
Pero sin historia.
Solo como presencia.
El momento
Levantó la voz.
No para cantar.
Para sostener el instante.
Y entonces—
lo vio.
Allá abajo.
Entre la gente.
Quieto.
Mirándolo.
—Era Isaac.
Silencio.
El desdoblamiento
No era recuerdo.
No era visión.
Era simultáneo.
El que cantaba.
El que caía.
El mismo.
Hakim
No apareció.
No hacía falta.
Estaba en el gesto.
En la precisión.
En el hecho de que todo coincidiera
demasiado bien.
La misa
La cruz pasó.
La gente se inclinó.
Pero Isaac no.
Porque entendía algo más grave:
eso también funcionaba.
El corte (otra vez)
No en el cuerpo.
En la percepción.
Todo lo que veía—
el altar
la cruz
el niño
el bautismo
no era fe
era estructura.
Martín
Cerró el libro.
Y salió.
No para escapar.
Para entrar.
—Es mejor vivir que leer —pensó.
No sabía.
Pero ya estaba dentro.
La noche
Caminó.
No hacia algo.
Hacia el mismo lugar
que todos los otros.
El fuego.
Los muchachos.
El alcohol.
La risa.
—Soy el hijo del emperador.
Y nadie lo creyó.
Porque eso—
eso no importa.
Isaac
Sigue ahí.
En el coro.
En la calle.
En la caída.
No se mueve.
Se distribuye.
El encuentro
Juan se acerca.
—¿Tienes hambre?
—Sí.
No hay simbolismo.
No hay redención.
Solo continuidad.
Hakim (distante)
No interviene.
No corrige.
No absorbe.
Porque ahora—
hay demasiadas capas abiertas.
La grieta real
Por primera vez—
algo no encaja del todo.
No el sistema.
No el canto.
No el cuerpo.
Sino esto:
la simultaneidad
ya no se sostiene perfectamente.
Isaac
Lo siente.
No lo entiende.
Pero lo siente.
Algo se desajusta.
Mínimo.
Pero suficiente.
Última línea
Isaac sigue cayendo.
Pero ahora—
la caída
tiene dirección.
No hacia abajo.
Hacia algo
que aún no ha sido nombrado.