* Cuando salió de misa y lo saludó Felipe, Farid pensó que todavía le faltaba peregrinar a La Meca. Pero La Meca era, pensó, el lugar donde se cobija el sol. Allá, en el océano al otro lado de América. Quería ir a ver el último atardecer y volvió a planear el escape, pero un día el padre le dijo:
—Hay alguien que quiere verte.
Era Antonio.
—¿Por qué escapaste de mi? No voy a matarte.
Farid no sabía que decir. Le recompuso pensar que Antonio no era un esclavo, que esta vez podría pedírselo.
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