2016 C
Querida:
Quedaste de mandarme la continuación de las aventuras de Farid.
Llegue hasta el momento en que Don Felipe lo invita a observar la Ciudad de México desde un cerro (¿de la Estrella?) y dice: “La vi tan hermosa como la vio Cortés”
la narración de su viaje desde Veracruz a México – intercalado con el relato de la conquista de Mexico – es un auténtico tour de force ya que logras intercalar dos momentos en uno solo. Aunque la velocidad de la narración se ralentiza. El relato de Farid venía como a ochenta kilómetros por hora y, de pronto, se baja como a diez kilómetros por hora. Obviamente al narrar todo lo de la conquista su propia historia avanza con mayor lentitud. No sé si es algo que buscabas o se dio así nada más. Yo ya me estaba acostumbrando a que todo sucediera muy rápido pero tal vez esta pausa sea buena. Pero no estoy tan seguro. El ritmo es algo fundamental y como que en la sección 35 eso se pierde. La narración pierde como su respiración natural y se vuelve un poco forzada. Sé que es muy difícil mantener el ritmo de las primeras páginas pero creo que ahí está uno de los secretos de la gran literatura. Es como Cien años de soledad: lo más sorprendente es que le ritmo no decae durante cuatrocientas páginas. El propio autor lo decía: “Cien años de soledad es un ballenato que dura cuatrocientas páginas” Es decir: pura música. Y yo creo que la narración de Farid había conseguido esa música pero que en este fragmento 35 ese ritmo se pierde y aunque lo que cuenta es realmente maravilloso yo, como lector, extraño ese pum, pum, pum, esa narración que avanza trama cada dos líneas. Pero bueno esa es mi percepción.
Mándame ya una siguiente entrega porque me intriga mucho el destino de Farid–Isaac-Jerusalém
Besos,
M