Nicolás llega al oficio de prima

Nicolás llega al oficio de prima

Cuando Nicolás se unió a sus hermanos, aún estaba muy asustado. Jorge, el maestro de capilla, lo esperaba ya para cantar los oficios de prima. Se habrá quedado dormido, pensó; pero Nicolás tenía ojos de desconsuelo. Jorge, con una seña, le pidió que se alisara el cabello y recompusiera sus hábitos. Apenas había terminado de hacerlo cuando el maestro lanzó sobre de él la señal y tuvo que comenzar a cantar.

                   En 1453 Nicolás aún tenía el aspecto del niño de ojos claros que llegó al monasterio en Constantinopla sin otra cosa que una voz. Ven Espíritu Santo, cantaba. Ven, padre de los pobres, dador de gracias, luz que da descanso en el trabajo y consuelo en el llanto.

                   El sol de la mañana penetra los lucernarios, se iluminan los santos y las vírgenes pintados sobre el altar. La voz del joven monje trepa paredes y columnas y escapa más allá de la capilla, hacia el camino de tierra roja que sale del monasterio y lleva hasta el centro de la ciudad.

                   Cuando termina el rezo, no se escucha ya en la capilla otra cosa que el resuello agitado de Nicolás. El miedo ha pasado a través de él. Y sonríe. Porque no, la pubertad no le ha matado la voz. Poco a poco los hermanos han vuelto a sus celdas. Jorge se aproximó a Nicolás y le dijo:

                   —Feliz aniversario.

                   —Es verdad —sonrió Nicolás, como un muchachito. Aquel 7 de marzo de 1453 el monje cumplía tres años de haber entrado al Monasterio de la Tribulación. Había pasado la etapa de probanista y la de novicio. Pronto se volvería un hermano y, cuando terminara la teología, un sacerdote. En aquellos años Nicolás debe haber tenido quince años o dieciséis.

El Reino Cimarrón · Archivo de personajes

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