Una cara

2001, mayo, 22. La Habana. Hora incierta, posterior a las 05:34 h (posición deducida).

Aquí Ivan Walsh deja de escribir.

No porque no recuerde lo que sigue.

Recuerda demasiado.

Lo que no sabe es cómo nombrar aquello sin estropearlo.

Durante años pensó que aquella noche había aprendido algo sobre sexo.

Ahora cree que aprendió algo sobre poder.

La juez tenía la fotografía.

El policía tenía la credencial.

Él tenía dólares.

Maikel tenía su cuerpo.

Cada uno utilizó lo que tenía.

La diferencia es que algunas cosas se pueden guardar en un bolsillo y otras no.

Piensa en la Polaroid.

La cara apareciendo lentamente sobre el rectángulo blanco.

«Te tengo en la mira».

Muchos años después Casey le enseñará fotografías de hombres muertos y él pensará primero en esa imagen.

No en los muertos.

En Maikel vivo.

Esperando que su propio rostro terminara de aparecer.

Y entonces comprenderá algo que en 2001 no podía saber:

antes de que La Virgen de los Peregrinos aprendiera a escoger a quienes miraban imágenes, otros sistemas llevaban siglos haciendo exactamente lo contrario.

Escogían a las personas que debían ser miradas.

Archivo.

Expediente.

Ficha.

Retrato.

Polaroid.

Una cara sirve para reconocer a alguien.

También sirve para no permitirle desaparecer.

No sabe dónde terminó aquella foto de Maikel.

Durante mucho tiempo pensó que ésa era una pregunta sin importancia.

Ya no.

El Sitio · Archivo de personajes