como la de aquel muchacho con el que tanto se identificaba a pesar de que la esclavitud había significado para ambos un destino tan diferente. Aunque, tal vez la diferencia, pensó Farid estribaba en el soplo del ángel el día que en el hammam se durmió junto a Alberto. Se puso a cantar y su voz era muy hermosa porque en ella era evidente que el miedo a la muerte, por fin se transformaba en amor.