* Farid iba camino de Damasco cuando, en el umbral entre la ciudad y el desierto, frente a la mezquita, vio a Farid con el Encantador de Serpientes. Había comenzado a amanecer. Era un miércoles de 1531 y estaba comenzando a amanecer. Farid, tenía la edad en que dicen los nigromantes que los niños pueden ver seres del más allá, esa en que el cuerpo está en el borde entre la infancia y la adolescencia, entre el hombre y la feminidad.
sangraba. Tenía costras en las piernas, en los pies y las las sandalias. La sangre que le fluía del centro del cuerpo le pegaba el sayo a la piel. Una voz le murmuró: “¿Para qué corres? Si morir no es tan malo como piensas”.