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El niño pasa los días viendo cambiar el cielo. Piensa en los colores, en la forma en que se transforman a lo largo del día en olores ¿a qué huele el campamento cuando comienza a atardecer? Sabores: ¿A qué sabe la palabra souq?
No sabe leer ni escribir, no sabe de Europa, no sabe que la tierra es redonda. Aquí el desierto es tan grande y se ve tan plano. Hubo un atardecer la semana pasada llena de verdes y violetas.
Farid anda solo por los caminos cerca del campamento. Juega a elevarse como un efrit. No le interesan los otros niños ni la posibilidad de que ya pronto organicen la ceremonia de trancisión. Las mujeres han de cargarlo desnudo a través de un árbol gris en el desierto. Una vez que pase por la gran orquilla que forma el árbol, Farid será un adulto.
Por lo pronto duerme junto a su madre, muerde un trapo en la noche para dormir. Cuando está completamente dormido, a veces su mamá lo mira y le acaricia el pelo chino.
No piensa Farid que un poco de agua pueda cambiar su nombre. Sabe bien la palabra Farid. ¿A qué sabe?
Cuchillos, a un ángel que detiene los sacrificios. La mano de una vieja que afila cuchillos. A un monito verde y la primera canción que aprendió en casa de la familia Cornaro. A Farid. Ganas de echarse con él a mirar el cielo tan azul. Almendras y Dimashq ash-Shâm: El encantador de serpientes. A eso sabe el nombre cristiano de Farid: Farid Ángel, como el emperador de Bizancio.