F0056 · Hakim abrió la puerta del apartamento en la esquina de la…

F0056 · El Reino Cimarrón / Fuera del tiempo

Hakim abrió la puerta del apartamento en la esquina de la Calle Florencia y Paseo de la Reforma con la calma de quien carga un peso invisible. Farid lo seguía en silencio, su porte elegante y su belleza casi hipnótica imponiendo una presencia que no necesitaba palabras. Apenas entraron, Farid se dirigió a la cocina con la familiaridad de quien sabe exactamente qué hacer. Los sonidos de ollas y cuchillos pronto llenaron el espacio, seguidos por un aroma exótico que parecía traer consigo ecos de un tiempo distante, cargado de especias y secretos.

Hakim permaneció junto a la ventana, el cigarrillo en sus dedos ardiendo con un fulgor tenue que competía con las luces vibrantes de Paseo de la Reforma. La ciudad parecía latir bajo sus pies, un organismo vivo y despiadado que nunca dormía. Miraba, pero sus ojos no veían las avenidas ni los edificios. Sus pensamientos lo arrastraban lejos, a un tiempo en que las luces no eran de neón, sino de antorchas que iluminaban los muros de mármol de la corte de su infancia. Allí, entre mosaicos y mármoles, había sido coronado como emperador del Imperio Fatimí, una figura destinada a guiar pero también a soportar el peso de un legado ineludible.

El aroma de la comida que preparaba Farid lo envolvió como un abrazo inesperado, despertando en él un torrente de recuerdos. Vio la sala de audiencias de su padre, un lugar donde las palabras eran armas y las miradas podían cortar más profundo que cualquier hoja. Allí, había sido proclamado profeta, no por elección propia, sino como parte de un destino que otros habían trazado para él. Aquellos años estaban impregnados de una mezcla embriagadora de maravilla y peligro, un laberinto donde cada elección moldeaba al hombre que estaba destinado a convertirse.

Hakim llevó el cigarrillo a sus labios, exhalando un humo perezoso que se disipó en la penumbra del apartamento. En su mente, los fragmentos del pasado se entrelazaban con el presente. Sentía el peso del ícono que había protegido durante tanto tiempo, un objeto que cargaba con una historia que no era suya pero que ahora formaba parte de él. Era un vínculo con lo que había perdido, con lo que aún debía encontrar.

—La comida está lista —dijo Farid desde la cocina, su voz tan suave como el primer aliento de una tormenta.

Hakim se giró lentamente, dejando atrás la ventana y los pensamientos que lo consumían. Miró a Farid, ese hombre que no solo era su secretario, sino también su confidente, su única constante en un mundo donde todo parecía fragmentarse. Había algo en la mirada de Farid que lo anclaba, un recordatorio de que incluso en medio de la incertidumbre, había cosas que todavía tenían sentido.

Hakim dio un paso hacia la mesa, dejando que el aroma de las especias lo guiara. Mientras se sentaba, se permitió un momento de pausa, un instante de tregua en su interminable lucha por reconciliar lo que era con lo que debía ser. El pasado seguía allí, como un eco persistente, pero por ahora, el presente era suficiente.

Farid · El mar del atardecer · Archivo de personajes

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