F0884 · —¿Es amor lo que siento? ¿Si así fuese porque quiero destruir lo que amo?

 Mi abuela Inés, por su parte, sabía del amor, sólo por lo que le había dicho su madre antes de casarse, por los sermones del cura y, sobre todo, por lo que había leído. Se había aficionado tremendamente a las novelas de amor que tanto despreciaba su confesor. “El amor era un libertino” había leído. “Un libertino de sabor delicioso. Un ángel exterminador”.

No se puso, por tanto, ni siquiera el problema de que fuese inmoral lo que había comenzado a sentir por el esclavito que le trajeron a Famagusta. Frente al espejo, Farid se preguntaba: Mi abuela Inés Cornaro sabe del amor, sólo por lo que le dijo su su madre antes de casarse, por los sermones del cura y, sobre todo, por lo que había leído. Se había aficionado tremendamente a las novelas de amor que tanto despreciaba su confesor. “El amor era un libertino” había leído. “Un libertino de sabor delicioso. Un ángel exterminador” y en sueños, comenzó a llamar así a Eneas: “ángel exterminador”. No se puso Mi abuela Inés, ni siquiera el problema de que fuese inmoral lo que estaba sintiendo. Por su parte, cada que Eneas recibía a Juan en su habitación se preguntaba:

—¿Es amor lo que siento? ¿Si así fuese porque quiero destruir lo que amo?

* Conforme fue creciendo el afecto de Jorge por Farid, crecieron las intimidades y un día el joven árabe comentó con Eneas:

—¿Sabes? Estoy seguro que no es ella quien no puede tener hijos. Debe ser él.

Eneas sintió ternura con aquel muchacho inválido. En poco tiempo había cambiado el horror que le produjo la primera vez que lo vio y que supo que tendría que limpiarlo. Ahora era como un hijo suyo al que amaba. Lo consternó, sin embargo, que Selim dijese un día.

—Si ella no puede tener hijos con Vicente Cornaro, yo he de dárselos.

—Acaso puedes.

Selim soltó una carcajada y dijo:

—¡Claro que puedo! ¿Quieres que te lo muestre? 

El joven esclavo salió consternado. En su mente se mezclaban la curiosidad, la sensualidad y una sensación todavía más nueva: los celos. Aquel único muchacho que lo necesitaba, deseaba a una mujer. Deseaba a Mi abuela Inés Cornaro.

* Eneas fue con Alonso y le contó lo que había sucedido.

—Tú eres el muchacho de mis sueños —le dijo ya sin ninguna vergüenza. Y le contó de la violación y sus deseos de ser condenado por amar a Mi abuela Inés Cornaro.

Alonso muy alarmado le dijo:

—Tal vez Mi abuela Inés Cornaro pueda ayudarnos.

—¿Cómo podría pedirle que me ayude si acabo de matar a un hombre del rey y ella no puede hacer nada?

—Le diré que yo te dije que lo mataras, le diré que estaba celoso, le diré…

Eneas se encontró sorprendido del fervor con el que Alonso lo defendía.

La luz se metió por los lucernarios como para posarse sobre La Virgen. La Virgen de la Tribulación, un icono bizantino que ahora está en México pero que el 21 de enero de 1491 estaba en Roma a donde fue llevada por Jorge Comneno.

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