F1148 · ncontramos una villa junto al río. La gente comenzó nos dieron…

ncontramos una villa junto al río. La gente comenzó nos dieron de comer. Niebla. Gritos. Conforme subimos la selva, la niebla no permite ver más allá de los árboles. Hemos llegado a un campamento salvaje, y en el olor de la trde, como si la selva me estuviera jalando, supe que estaba cerca del campamento de los cimarrones. Y otra vez, con una lanza, vi en sus ojos como se le escapaba lo que le estaba dando la vida. Cómo se iba por todas partes y yo, convencido ya de que podía realizar milagros, trato de acercarme, pero él me quiere matar. Me aproxima a su cuerpo . Soy yo quien he terminado de matarlo. Soy yo quien me encuentro con esta doledad en el interior del camino donde todo atardece. 

      Yo tuve que decirles lo que iba a suceder, no podían entender que eustivera buscando ese lugar. Parecían haberse reconciliado por fin con todo lo que había sucedido, con su muerte, nuestra muerte, todo. Nunca sus seres queridos encontrarían los restos de quien más amaron.

Farid y Atonatiuh llegan a una fiesta donde está teniendo lugar una reunión de indígenas. Salen de noche y se internan.

 Ese debe ser el sentido de la liturgia, pensó Farid, el sentido del canto cuando no podemos hacer nada distinto sino cazar y amar como todos los otros. Que sea libre con aquella muchacha, se dijo. Y durante una fiesta en que hubo danzas y fuegos volví a planear el escape. Que se quede él en su propio paraíso de esclavos, me dije. Yo había descubierto el sentido de todo aquel viaje y el sentido de mi nombre cristiano, como Eneas había venido de una Troya vencida, me había convertido en un loco que bajaba al infierno y me había convertido también en un caballero andante que enloquecido descubría el Nuevo Mundo. Había fundado en el primer beso que le di a aquel muchacho, mi propia civilización, en el lugar donde se pone el sol.

Farid · El mar del atardecer · Archivo de personajes