11
LA MORDEDURA / LA VISIÓN / EL ERROR
Al-Hákim no olvidó nunca esa noche.
No porque fuera distinta.
Porque fue la única
que no terminó.
La sospecha
Las palabras no se quedaban en su lugar.
Se movían.
Como insectos.
Como luces.
Como si el lenguaje mismo
no pudiera sostener lo que estaba ocurriendo.
¿Había sido su madre?
La pregunta no venía de la razón.
Venía del miedo.
Y el miedo—
le gustó.
Porque lo colocaba
por encima de los demás.
El segundo asesinato
Cuando al-Mansur murió,
antes siquiera de ser nombrado,
el palacio dejó de ser casa.
Se volvió mecanismo.
Las cabezas rodaban.
Pero eso no le impresionó.
Lo que le impresionó fue esto:
el mundo podía romperse
sin explicación.
La serpiente
Entró sin anuncio.
Sin símbolo.
Sin profecía.
Simplemente—
entró.
Subió por el mármol.
Se deslizó
hasta su cuerpo.
Y lo mordió.
El cuerpo
El dolor no fue el centro.
Fue la disolución.
Todo lo que había escuchado—
todas las palabras—
todas las historias—
regresaron
al mismo tiempo.
El médico
—Está delirando.
Pero no era delirio.
Era recomposición.
La madre
Por primera vez—
no escondió la imagen.
La sacó.
La colocó frente a él.
Y rezó.
No como musulmana.
No como cristiana.
Como alguien que sabe
que ya no hay otra cosa que hacer.
La visión
(no, todavía no Farid)
Hákim—
vio.
No un sueño.
Un lugar.
La caverna.
La luz verde.
El río.
El tiempo detenido.
El beso
No supo quién fue.
Su madre.
Su hermana.
El efrit.
No importaba.
Lo importante fue esto:
el cuerpo respondió
con un placer
que no podía existir.
La voz
—Serás inmortal.
No fue promesa.
Fue sentencia.
El error
Ahí ocurrió.
Ahí—
todo se torció.
Porque Hákim entendió:
“yo no moriré”
cuando en realidad era:
“yo no soy el portador”
El despertar
Abrió los ojos.
La madre hablaba.
—Altísimo Jesucristo…
Pero ya no escuchaba.
Lo único que quedó
La mujer.
Tejiendo.
No el cielo.
La mortaja.
La decisión
Ese día—
Hákim dejó de ser niño.
No por el poder.
Por la certeza.
Nunca volvería a llorar.
Nunca volvería a necesitar consuelo.
Nunca volvería a escuchar
la historia del Rey Serpiente.
La sustitución
En lugar del canto—
tomó el control.
En lugar de la memoria—
tomó el orden.
En lugar del amor—
tomó el nombre.
La frase interior
“Yo soy el heredero.”
No del imperio.
Del mundo.
El efecto (a través del tiempo)
En ese instante—
muy lejos—
otro cuerpo respiró.
La transferencia
No fue visible.
Nunca lo es.
La inmortalidad cambió de lugar.
Pero Hákim no lo supo.
Nunca lo supo.
Última línea
Y así—
sin saberlo—
el niño que sobrevivió a la serpiente
no se volvió inmortal
se volvió
el hombre que pasaría su vida
intentando demostrar
que lo era.