F0600 · Farid cantó. Y era la música más bella que ha existido

Farid cantó. Y era la música más bella que ha existido

jamás.  Tuvo su oportunidad.

La primera vez que lo escuchó se distrajo. Había sido golpeado. Como Pablo en el camino de Damasco. El abad al principio se había mostrado indeciso, no tanto por la voz de Miguel que, en efecto alentaba la piedad de todos los monjes. Extrañaría, sobre todo, su candidez. La misma que había tenido cuando se quitó la capucha e Farid contempló ese rostro que había dicho tartamudeando:

—Señor, heme aquí. Soy vuestro criado.

Eres el más bello de los hijos del hombre, pensó Farid en recuerdo del salmo. Le pidió a Farid, su doncel que le mostrara la habitación en la que viviría durante el tiempo en que se prepararían para emprender el camino hacia España. Donde se pone el sol.

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