F0484 · <$Scr_Ps::0>

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Altísimo Jesucristo, nunca he creído en ti, pero te regalo mi vida si me sacas de este lugar. Lo atraparon y lo llevaron de regreso. El hombre al que había querido matar era Jorge. No volvió a verlo durante varios días. Y ahora lo recordaba aquí, en Sevilla. Y se daba cuenta de que tendría que cumplir su promesa. Porque aquella mañana, al abrir la ventana había sentido tanta paz que sin duda, Jesucristo lo había sacado de ese lugar.

—¿Quieres?

    El mago griego, Isaac se aproximaba y le ofrecía brebajes para quitarle el dolor. 

    —¿Cuál es tu nombre? —Preguntó en el idioma del desierto.

    —Rodrigo Martínez —respondió Farid.

    —No. Te estoy preguntando por tu verdadero nombre, no por el nombre de tu bautizo. 

    El muchacho del desierto se sintió reconfortado, pensó en que amaba a este hombre que le cuidaba del dolor de la castración, que le acariciaba la cabeza con un amor que sólo había sentido de su madre. Que amaba a este hombre que le devolvía su nombre y que siempre le llamaría Farid. Miró una jarra de agua que estaba sobre un taburete. Supo que la utilizaría y pensó que era una lástima que tuviera que matar a un hombre que lo había tratado tan bien.

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Farid · El mar del atardecer · Archivo de personajes