F0234 · La ciudad estaba muerta. El humo jugueteaba por encima del pecho de los cadáveres carbonizados.

Hernán Cortés caminó por las calles de una ciudad devastada. Lo seguían Alvarado y Berna. Se cubrían el rostro para no vomitar con el olor de la sangre. Dos soldados los seguían hincando lanzas en el pecho de los heridos.

La ciudad estaba muerta. El humo jugueteaba por encima del pecho de los cadáveres carbonizados.

Cortés inmediatamente se interesó en aquella mujer. Con ayuda de Guerrero comenzó a investigar quien era y ella lo supo. Se dio cuenta inmediatamente de que aquel hombre podía amarla. Se dio cuenta de que en ello radicaba su única fuerza y de que conquistándolo a él, podría recuperar su condición. Cortés supo que era hija del cacique del Pueblo del Mar, del señor de Painla, pero que éste se había casado con una mujer que tenía un hijo a quien pasó la herencia de cacicazgo. Cortés ordenaba que todo lo anotara un escriba porque estaba convencido de que era la manera de actuar de los grandes exploradores y guerreros. En el trayecto bordeando la costa se había convencido de que eso era él. Miraba el estandarte y se convencía de que estaba haciendo lo correcto, de que estaba siguiendo la cruz. Marcos, el muchacho aquel miraba hacia la tierra y Cortés le pedía a Marina que viniera con él y le decía palabras en castellano. Incluso le pidió a la mujer que había traído de Cuba que le enseñase el idioma y ella lo hizo con afecto. Eso amaba de estas mujeres. No eran complicadas como la Marcaida. Eran afectuosas y sabían hacerse querer. Pasó una semana en la que hubo buen tiempo y no hubo ataques. En poco tiempo no sólo Tenépatl se había dado cuenta del interés que mostraba por ella el capitán. Todos se habían dado cuenta. Llegaron a una playa. Y ella le informó que se llamaba Chalchihuecan, pero Cortés claro no podía pronunciar una palabra tan larga y bautizaron aquellas rocas como San Juan de Ulúa. Ella sonrió. Era la primera vez que lo había frente a él. Incluso pensó que era la primera vez que lo hacía desde que había abandonado Painla, desde que había dejado atrás el pueblo de aquel hombre que lo había traicionado. Su padre. Ella le contó que éste era su territorio. Cortés trató de informarse si por aquí pasaban las rutas comerciales, pero ella dijo que no. Estaban en la zona que acababan de abandonar. Cortés dijo que no volverían.

Otro interesado en la muchacha fue el padre Olmedo quien durante varios días y con ayuda de Marcos y Aguilar se aproximó a la muchacha. Farid y Miguel comían con ella en lo que parecía ser un paseo a lo largo de la costa. Les habló de la Triple Alianza de las costumbres y del oro. La palabra complacía a aquellos hombres, pero no por pura avaricia. El 16 de abril de 1519 Carlos había sido jurado junto a su madre como rey de Aragón y también él estaba consiguiendo dinero para sobornar a los electores del trono alemán.

La víspera del 22 de abril el padre Olmedo hizo venir a Marina. Le preguntó que si querría bautizarse y ella dijo que sí. No había sentido nunca fidelidad hacia los dioses y era natural que se convirtiese a la religión de su señor. Olmedo le pidió a Farid que comenzara a iniciarla en los misterios del cristianismo porque al día siguiente durante la misa sería bautizada. 

El 22 de abril, viernes santo de 1519 anclaron la flota para resguardarse del sotavento.  Habían llegado al territorio de  Xicomecoatl. es decir, conformado por diversas poblaciones de distintos orígenes étnicos. 

Cortés envió a tierra a sus hombres, ballesteros, caballos y artillería. doscientos soldados, los sirvientes, varios perros y Los trabajadores cubanos comienzan a tirar los árboles y empieza la edificación de un campo fortificado que miraba hacia San Juan de Ulúa.

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