F0381 · la catedral de México Tenochtitlan estaba como viuda. Nadie quería enterrarse…

 la catedral de México Tenochtitlan estaba como viuda. Nadie quería enterrarse en ella. Nadie venía a visitarla. Los indígenas iban a misa en San Francisco donde Pedro de Gante hacía milagros con los niños indígenas: construían instrumentos, vestuario y cantaba como los mejores coros de Europa. 

En la catedral, en cambio, había antes de Farid solamente un coro mal afinado con tres niños y cuatro sacerdotes de voces delgadas. 

Con Farid, los ingresos se volvieron fastuosos, los aleluyas parecían detener el tiempo. En el ofertorio todos se quedaban callados, pendientes del próximo sacrificio y durante la comunión, el pan parecía volverse de verdad sangre carne de Cristo. Farid se volvió famoso. La gente venía a verlo a él. Los indígenas se convertían por él. Por el poder de su música de converso. Conciente de este poder, el esclavo pidió al cabildo que lo liberaran. Fray Juan de Zumárraga, el obispo, se negó. Farid decidió callar. No le importaron los azotes ni los encierros ni las amenazas. Ni siquiera cuando le dijeron: si no cantas vamos a cortarte la lengua. Lo único que él necesitaba era la garanta y esa no podrían arrancársela. Las palabras eran innecesarias con esa voz. Cuando todos tuvieron claro que el esclavo no quería cantar mas, lo dejaron salir. Lo apartaron y lo despreciaron. Volvieron a abandonar la catedral. A nadie le interesaba ir a misa en esta catedral de madera si no cantaba el esclavo capón de la voz aguda. 

Por su parte, Farid decidió escapar a Veracruz. Fantaseaba con tomar ahí un barco para ir a España. En sueños rezonaba en él la palabra “capital”. Quería volverse un cantante famoso y tal vez un día volver a Damasco para recordar ¿Cómo fue que llegué ahí? Farid no recordaba absolutamente nada de su vida antes de aquel acto del Encantador de serpientes.  Queria volver a verlo. Develar sus misterios. 

1. La brecha del guerrero que espera Santa María 

Farid viaja hacia Veracruz por la ciudad deshecha. 2. En el pliegue de una sombra Santa Madre de Dios Farid conoce a Mariana. 3. Siempre morimos solos Santa virgen de las vírgenes. Farid entra en la selva y se encuentra solo. 4. El orgullo del fuego Madre de Cristo. Farid encuentra a un fuego. 5. Amo tu soledad. Madre de la iglesia. Farid encuentra a un amigo. 6. Amores que no dejan cicatrices. Madre dela divina gracia. Farid aprende la caridad con el amigo.

Farid · El mar del atardecer · Archivo de personajes