Guiando por el lado izquierdo, como en Londres, Farid se dirige al norte hacia las montañas donde, según la leyenda, estaba el Olimpo original.
Pero antes de subir a la montaña, Farid pierde el tiempo y en un giro abrupto baja hacia una playa que anuncia: “Aquí nació Afrodita”. Vaya historia. Esto hay que verlo. El paisaje es idílico en verdad, aunque no hay arena sino piedras y un paisaje que, ahora lo ve, se habrá reproducido a partir de grabados de viaje en la Italia Renacentista. Efectivamente, este es el mar que los maestros italianos reprodujeron para pintar el nacimiento de Afrodita.
Son las diez de la noche. Farid conduce por una zona montañosa con carriles minúsculos. Se entretiene pensando en los iconos que compró en un monasterio que tiene una fuente milagrosa que abrió con su espada San Miguel Arcángel. Lo ha bendecido un pope. Piensa: Afrodita, San Miguel Arcángel, adelante una ciudad veneciana cortada a la mitad. Nicosia es la única capital dividida en el mundo. Por allá tiene que atravesar a territorio turco para encontrar una ciudad que ha perdido su nombre. Una ciudad que aquí dicen, no existe.