F0956 · Farid se despertó al escuchar el grito del último borracho de…

Farid se despertó al escuchar el grito del último borracho de la mañana y comenzó a reescribir la historia de lo que había sucedido la última vez. 

 Por el momento, lo hizo en papel, pero planeaba comprar una computadora al día siguiente. En lugar de que Miguel lo recogiera en el aeropuerto de Pafos, Farid tenía la intención de escaparse a Famagusta para volver a ver la ciudad del esclavo del centurión. Sin embargo, antes de partir, había algo que quería hacer: raptar a la muchachita que había visto dormida el día anterior. Había decidido que aún no era el momento de volver a ver a Natsumi y cumplir la promesa que se hicieron en Flandes.

Afuera de la habitación, el viento soplaba como un loco que no decía nada, y la tierra se mostraba como una puta con las entrañas al aire. Farid sentía que allí todo llegaba a su fin, por eso no quería salir hasta que alguien viniera y rompiera la puerta de su borrachera, arrojándolo al fin del mundo, donde la luz de la ciudad no permitiría adivinar las estrellas. Se miraba a sí mismo y pensaba que era como una puta en Babilonia. Se sentía bien allí, comprendes. Tenía esa extraña libertad de decir lo que quisiera, hacer lo que quisiera y arrepentirse o no arrepentirse. Recordar no sublimaba nada, por eso quemaba todo lo que escribía. Escribir no compensaba nada, no servía absolutamente para nada. O tal vez, la única utilidad que tenía era apropiarse de esa lengua de niños. Afuera, la tierra era roja, había pasto y un auto viejo. Afuera estaba lo otro, lo que no era allí, lo que no era él ni sentía. Y allí, en su habitación, había un espejo y una pluma atada a sus ojos. Lo que sentía, quizás, por otro lado, era que el afuera y el adentro eran uno, y la tierra roja y la pluma también eran uno, o quizás no existía la ventana ni el rojo ni el auto ni el espejo, ni lo otro, ni  yo. Y mañana ¿despertará junto a quién? 

Farid · El mar del atardecer · Archivo de personajes