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El mundo mítico tiene muchas versiones porque hay muchas versiones de un mismo mito. De acuerdo con las fuentes de los mexicanos había nueve u once cielos El último cielo es el de Ometéotl, un dios dual y andrógino, hombre y mujer. Ome significa Dios. Es Ometeótl quien ha generado a todos los dioses. Y es regente de los cuatro puntos del universo. Su contraparte está en el inframundo que tiene también, varios niveles. En el Mictlán habitan las fuerzas ocultas entre las que están la Luna y las estrellas. En los mitos cosmogónicos mexicanos, el sol desciende a luchar con las fuerzas del inframundo y en los orígenes, Cuatlicue encontró una bola de plumas de la que nació Huitzilopochtli. La Luna y las estrellas, celosas, quisieron matar a su madre, pero Huitzilopochtli nació justo a tiempo para degollar a sus hermanos y asesinar a las estrellas celosas, los Cenzohuitznahuac. Él, el sol, come sangre, el líquido precioso por excelencia; este es el origen de los sacrificios y en torno a él se generó una sociedad mesiánica, una sociedad que se sentía elegida para hacer que el universo girase como debe girar. Al igual que los españoles, los mexicanos del siglo XVI tienen una cosmogonía en la que se sienten elegidos para una misión cósmica. En la tradición mexica, la creación tuvo lugar de acuerdo con el mito de los cuatro soles. El quinto sol es llamado Cuatro Movimiento. Los mexicanos pensaban que el final de dicho sol habría un gran movimiento telúrico. Los mexicanos habían sido educados para el auto-sacriificio. Puest corrían con la pesada carga de alimentar al sol. En los mundos de mitos orales no existe en realidad el más allá. La eternidad es propia de un mundo en el que ha aparecido la escritura. El paraíso, el infierno y la moral son parte de un cosmos en que ha irrumpido ya la escritura. Para los mexicanos, la forma de morir define el futuro de quien muere. Nadie es eterno, finalmente todo se disolverá en la nada, pero antes de disolverse vivirán en otra parte. No se trata de una idea moral como en el pensamiento cristiano. El individuo, haya sido bueno o malo vivirá en otra parte de acuerdo con la muerte que haya tenido. El que muere en su cama va al Mictlán donde el viento corta, si ha muerto por agua, al Tlalocan, territorio de Tláloc lleno de mariposas. El guerrero que muere en la batalla o la mujer en el parto van donde Huitzilopochtli ahí vivirán un tiempo rodeados de colibríes. Los niños que mueren habitan el Chichicuauhtli, un árbol conde maman de chichis cuya leche no se agota nunca. Las concepciones morales mesoamericanas son muy distintas de las cristiianas. La oralidad resulta fundamental para entender estos mundos en que la transmisión se da por la palabra. Por otra parte, los frailes europeos al introducir la escritura en México son capaces de introducir también al dios del amor y el terror. Sólo así deja de tener sentido el sacrificio humano y se impone una moralidad a pesar de que santos guerreros como Santiago serán muy venerados.
Iban camino a la reunión. Pasaron junto a unos muchachos que hablaban de la fiesta que pronto estaría. Yareth iba con su novia Ida. Junto a él iban sus amigos. Mario y Benedicto sólo querían ser condotieros, pero lo acompañaron. Se abrieron las puertas y entraron. Los recibió Farid y les quitó sus abrigos. Los llevó adentro, hasta la biblioteca donde se acomodaron. Antonio, el esclavo ordenó a los sirvientes que trajeran algo de tomar para ellos. Vino del mejor. Nicolás estaba curioso.
Entraron Yareth e Ida. Era una muchacha muy hermosa. Entraron los otros. Entonces lo vio. Poimandrés tenía el aspect de un Júpiter. Pero no. No era la clase de hombre que hubiese pasado desapercibido. Entonces lo vio. Era un judío. Evidentemente aquel hombre era el médico del papa. Y era el asesino. Marcel lo supo. ¿Qué haría con esa información? Sonrió. Ya encontraría algo que le sirviera.