——¿Para qué sirve la música?
——No lo sé.
——Para dar una voz a lo que no tiene voz.
Al encantador de serpientes. Sí. Al pasado. Al silencio de
toda la vida suya anterior a esa imagen única. Para dar voz a
lo que necesita ser escuchado.
——Esto es la música ——dijo Roberto.
El niño en el camino de Damasco. Yemil. Mi madre. La mezquita
donde comimos dulces. Lo que quiere hablar.
——Eso es la música.
La voz del negro, del castrado. Del que morirá sin dejar
descendencia. La voz de la impotencia, de la desnudez y el
vómito en el barco.
——Vamos a revisar este canto.
El amo portugués, la princesa que muere de aburrimiento.
Farid y el dulce sabor de estar tendidos sobre la hierba. No
hacer nada. Hay algo que quiere hablar. Música.
Isaac siguió el punctus.
——Salve Regina, mater misericordiae.
Dar voz a María. Al Mesías crucificado. Dar voz a lo que
sólo así tiene voz.
——Eso es música.
Al camino.
——Eres un príncipe ——dijo Roberto cuando el mulato
calló.
Isaac bajó los ojos. Sonrío. Estar por encima del tiempo. Más
allá del espacio y el tiempo. Eso es hacer música. No hay
nada más.