F0959 · Farid se dirigió a un parador que su mapa recomendaba con…

Farid se dirigió a un parador que su mapa recomendaba con cinco estrellas. Comenzó a conectar su mente con el mapa de Chipre, convencido de que una ciudad o país debe ser contemplado como una obra de arte creada a lo largo de los siglos por millones de seres humanos. El mapa lo tenía confundido, ya que estaba acostumbrado a los mapas mexicanos donde las distancias son enormes. En Chipre, en tan solo dos horas, había cruzado la mitad del país. Pensó para sí mismo: “En tres horas estaré en la capital. Bonito plan”. Sin embargo, desconocía que las carreteras eran de mala calidad y que la mancha verde en el centro del mapa era una cadena montañosa.

Farid estaba agotado y el hambre siempre lo mantenía despierto. Fue atendido por una mesera rubia, pecosa y muy hermosa, quien se sorprendió al escucharlo hablar griego. Ella le ofreció la tradicional Keos al dos por uno. El parador se encontraba junto a una marina espectacular, así que Farid se acomodó y decidió emborracharse una vez más.

Después de su tercera cerveza nacional al dos por uno, Farid se atrevió a preguntarle a la mesera de pecas en la nariz:

“¿Y Famaugusta, dónde se encuentra?” Mostró el mapa y señaló el área gris. La mesera se molestó mucho, como si él hubiera dicho algo ofensivo. Recogió los platos con los restos del pescado que Farid había comido y le respondió:

“Famaugusta no existe”. Sorprendido, Farid preguntó: “¿Pero cómo? Yo nací muy cerca de Famaugusta, en la Bahía del Apóstol”. La mesera no le creyó y con aire de superioridad sentenció: “En todo caso, si alguna vez existió Famaugusta, ya ha desaparecido”.

Siendo terco como los turcos, quienes en Europa Oriental son conocidos por su obstinación, Farid decidió conducir hacia el norte, guiando por el lado izquierdo de la carretera como en Londres. Su objetivo era llegar a las montañas donde, según la leyenda, se encontraba el Olimpo original. Allí se dirigiría a Nicosia y esperaba que alguien le indicara cómo llegar a la zona turca, donde él había nacido.

Farid manejaba su jeep, adecuado para las calles sin pavimentar. Estaba cansado y un poco deprimido por cuestiones que no venían al caso. La ciudad le parecía pobre y decadente, llena de turistas londinenses.

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