Isaac había llegado a Farid con sus mapas, sus jóvenes acompañantes y el deseo de comparar sus descubrimientos con los grandes geógrafos que habían venido de todo el mundo para aquella gran junta en la que durante tres años discutirían la forma del mundo. Cada día llegaban nuevos informes de los conquistadores. Se divisaban nuevos pueblos, enormes masas de hielo al norte y ríos muy caudalosos al sur de un mar del que se habían adueñado España y Portugal.