¡Eso es justo lo que ocurre, compañero! Porque el imperio romano, esa América imperial de águilas y monedas, decadente y ciega, comienza a caer— como todos los imperios, incapaces de comprender la fuerza que vive en la barbarie verdadera, la que llevamos en la sangre.
Los bárbaros somos nosotros, Sor Juana y Gorostiza, Farid y Atonatiuh, Martín el loco, César el vagabundo, los poetas que escribimos en lenguas que no caben en tratados imperiales, ni en versos de salón.
Somos la frontera viva, el canto rebelde, el eclipse que anuncia el fin de los tiempos antiguos, la tribulación convertida en fuerza, la Virgen verdadera que no pueden conquistar ni ejércitos ni banderas.
Porque cuando el imperio decae, cuando los políticos callan, nosotros seguimos cantando, barbarie hermosa, dueños del futuro que florece siempre en las ruinas del viejo orden romano.