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Farid sonríe en la Misa.
Nadie tiene la culpa, Farid. Hay nostalgia y ternura. Te da ternura imaginarte tan niño. Recordar aún el sueño del turquesa inmenso del muro contra el que se recortaba el Encantador de serpientes.
Ahora mismo, en misa, sientes ternura coraje y miedo. No hay nada ya que pueda remediarlo. Arriba. Eres un Dios. Y viniste al mundo a cantar.