F0155 · El camino de regreso

F0155 · El Reino Cimarrón / El camino de regreso

Luis Méndez y Jorge Comneno se habían conocido en la corte del papa. Los había presentado Al-Hákim el legendario médico del papa quien, con el nombre de San Genesio sería el primer hombre que intentó una transfusión sanguínea.

Las parvadas formaban imágenes junto a las nubes. Isaac escuchó que volvían volvían a las copas de los árboles. Escuchó que se abría el portón del castillo. Farid había vuelto con el monje cantor. Sonrió.

Alberto creyó que despertaba en el monasterio. Se miró a sí mismo inclinado frente a la Virgen de San Luca. Escuchaba en el coro la voz viril del cantor ofreciendo los sufrimientos del día y aunque cuando despertó no recordaba qué se había leído estaba seguro que lo atañía a él. Habían pasado varias semanas en que vivió encerrado en una suerte de calabozo en el que finalmente apareció un hombre que le dijo en italiano que venía para ayudarlo a escapar de la furia del señor del Carpio. El día de su muerte, Alberto recordaría el brillo del florín contra la capa de terciopelo negro. Era un hombre elegante, de pocas palabras. A todas luces un condotiero que habría conseguido Farid para ayudarlo a volver. Así terminaba la aventura del Nuevo Mundo, con él regresando al encierro del que había creído poderse liberar. No tendría tiempo de extrañar a Farid durante mucho tiempo. El castrato lo había dejado en una taberna y había desaparecido de forma tan providencial como apareció cuando el marqués estaba a punto de llevar a cabo su venganza. Supo por el condotiero que caminarían por toda la costa buscando evadir las aduanas. En territorio toscano esperaban encontrarse a salvo. Mientras viajaran por las tierras de la loca reina Juana tenían que estar preparados para luchar o para corromper a los soldados que seguramente pedirían un salvoconducto que no tenían. La luz de la tarde comenzó a volverse a azul. El trote de los caballos que arrastraban la carreta daban ritmo a un pensamiento que se le había quedado pegado, ¿qué voy a hacer cuando te mueras? No lo sé. Pensaba en sueños y volvía a ver a Farid corriendo por la ciudad, buscando a los soldados que ahora lo llevaban de regreso al monasterio que nunca consideró su casa. Buscarte, pensaba una y otra vez y cuando se daba cuenta de que estaba soñando despertaba con el triste presentimiento de que se trataba tal vez de una premonición.

Farid · El mar del atardecer · Archivo de personajes

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