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En un puesto del mercado de esclavos en Estambul, Dalí-Mami, vendió a los dos muchachos, a Farid y a Isaac. El nuevo dueño, Martín, dueño de una flota mercante de Génova, los llevó a su casa. Se volvieron sirvientes. Su única distracción consistía en alimentar con piñones a Geno, un monito verde, la mascota predilecta de Lucía, esposa del genovés.