F0411 · Todo suyo. Farid y la princesa que se han vuelto amigos…

Todo suyo. Farid y la princesa que se han vuelto amigos están mirando desde la casa en la selva, un palacio de lujo en medio de tanto calor. Atardece, no hay ni siquiera mosquitos. Aquí está un refugio, un refugio paradisiaco en medio de toda esta mierda y hay un muchacho. Un muchacho que lo llama. Se drogan y enciende una vela y hace el amor con Farid que se queda dormido mirando la vela. Entonces él mira con la niña indígena todo lo que está sucediendo. Los hombres que los están siguiendo. La guerra que no se acaba. Fuman y se cambian la pipa y luego, la niebla. Los españoles y los tlaxcaltecas siguen a través de la niebla y van pasando por lugares donde todo está destruido, donde no hay nada que ver. Ellos gritan, ya enloquecidos. 

Uno de los españoles ha comenzado a pintarse como los indígenas, se ha vuelto un salvaje y se divierte cuando en el río le caen las flechas y él toma elmosquete y lo prepara y dispara. Entonces miran cruces, Por ahí, un campamento cristiano. 

El capitán tlaxcalteca quedó muerto. Y la nave siguió caminando y el hombre miró a Farid a los ojos y cayó muerto y parecía quererlo arrastrar a la muerte, lo arrastro para matarlo. Quería llevárselo con él, como si tuviera envidia de que alguien quedara vivo después de que él había vivido aquí, en el fin del mundo. 

Hicieron un funeral. Un funeral idiota en un lugar idiota y mientras ellos hacían ritos de toda clase, ni paganos ni cristianos, mientras el muchacho español abrazaba al muchacho indígena en el agua y se hundía con el, Farid estuvo a punto de irse, pero entonces la vio. La vio detrás del sayal y el muchacho soltó al indígena tlaxcalteca con el que había peleado durante la toma de tenochtitlan y el muchacho se fue hundiendo en el mar. 

Siguieron las cruces ardientes, las velas, elllamado. Es el dios del nuevo sol. 

Estás embarazada, le preguntó Farid a la muchacha y ella dijo sí: de los que nos están siguiendo. Nos están siguiendo. El fuego. Han sido ellos. Todo este tiempo, padre, creí que eras tu y eran unos prófugos los que me estaban siguiendo aunque las voces y las inspiraciones sí que eras tú. 

No. Me están persiguiendo porque quieren casarme para tener a un nuevo príncipe mexicano. Un príncipe para guiar a la resistencia. 

Qué resistencia es posible. Este mundo está hundido. Se lo ve en el río que se va haciendo profundo, en el río que parece que allá al fondo se vuelve de sangre y todo brilla, brillan las ruinas que están todavía en la selva y la nave que se va moviendo en camino del puerto. Ella esta enfebrecida. Finalmente se ha hecho entre ellos una relación. He entendido algo, dijo ella. Qué has entendido? Que eres un humano y no un castrado, que eres un humano y no un horror. 

Frente a ellos los tenían una barca y entonces la princesa salió y todos se fueron abriendo el paso y en la selva alcanzaron a ver a la gente de todas las naciones reunidas en este paraíso. En la isla de los desaparecidos. Los esclavos, los locos, los drogadictos, los españoles, los aventureros, todos. Los artistas y ahí estaba, también, Farid, entre los hombres colgados en los árboles. 

Desnudos. 

Princesa, dijo el tlatoani que había salido a recibirlos y se la llevó a ellos los dejó Sin saber qué. Es que nosotros vamos a Veracruz, dijo. No te vayas, decía la princesa que era llevada en andas hasta lo más profundo de la ciudad de los cimarrones. 

Yo soy el conquistador de Alemania. Yo soy quien di el dinero al emperador, dijo Miguel. Sin mi el dinero de alemania no hubiera llegado nunca. Esto, todo esto es causa mía y lo decía como con orgullo, todo estaba ahí destruido. 

Quién es el cacique de esto? Es un genio, es un dios. 

Todos los hombres ahí, eran negros, eran indígenas y eran españoles. Era todo el futuro de México. Qué haces aquí. Yo sólo soy amigo de la princesa, se dijo.

El hermoso muchacho se quedó en la balsa esperando. Farid dijo, tenemos que ir por ella. Para qué, quedémonos aquí. Nosotros no somos de aquí. Esto es el fin del mundo. El apocalipsis llegó. El muchacho italiano, Alessandro le dijo, iremos por ella. Y él sepreparó para hacerlo y entró en la selva. Llovía y los muchachitos recibían la lluvia. La selva creciendo entre los templos y ellos bañándose con la lluvia, todos rodeándolos. Lo llevaron ante el líder. Estaba tirado en una hamaca y junto a él tenía incienso y una flama. Era un italiano que se incorporó encuanto lo vio.Se que cantas. Canta algo para mí. Vine porque necesito recuperar a esa muchacha.

Viniste porque eres el angel exterminador.El angel del fin del mundo, por eso veniste. Porque contigo ha llegado la señal de que todo se está acabando. Cristo ya está aquí, apareció la cruz de fuego todas las señales se han cumplido.

Se lavó la cara. 

E Farid, que a lo largo de toda su vida había visto tantos iluminados, tantos locos que aseguran que tienen en ellos la palabra de Dios lo vio emerger de entre la luz, con su nariz aguileña, con los rasgos finos y giró la cara porque no porque se sintiera intimidado, al contrario, porque no quería sentir asco y pensó que este hombre debería estar muerto por utilizar el nombre del altísimo para propagar quién sabe qué fe. Se imaginó. Seguro que a mí me mataría, seguro que lo que siento por Farid, seguro que no tendría ninguna compasión para mi´. 

Se hizo un silencio, un silencio largo e Farid le pidió sólo poder tomar a la muchacha. Eso, contestó el iluminado, eso no depende de mí. 

Este hombre no era como guerrero que se había convertido a la religión indígena por amor a sus hijos, este era uno que con sus ojos azules se creía dueño de toda verdad. 

En la selva el campamento se estaba construyedno. Los disidentes morían colgados de cabeza. Había crucificados, todos entre las ruinas, los sacrificios se habían detenido, pero seguía a todo ello un brutal sistema de 

Vino la princesa que le habían deado permiso de visitarlo y le dio de comer. Se sentó frente a él. 

Ahora que me has dicho quien soy, dijo, dime tú quien eres. Soy un cantante y no recuerdo nada desde que hize desde que vi al encantador de serpientes. 

Me gustas, dijo ella. Por qué sonrióFarid. Te que pensaba que le gustaba por su feminidad. Por eso, justamente por eso se sintió sorprendido cuando la esucchó decir, me gusta tu dignidad. 

Supongo que muchas cosas estuvieron equivocadas. Mi padre, Moctezuma trató de cambiarlo. Mi abuelo, Moctezuma, trató de cambiarlo. Pero los príncipes nunca lo dejaron. Le mintieron y eso fue la causa de toda esta revuelta. Los españoles llegaron… Comoun ángel exterminador, dijo Farid. Un ángel exterminador que trajo la música. 

Porque Farid a petición de la iglesia que había vivido en la corte de Malinche había aprendido a tocarla guitarra. Y losmuchachos indígenas se sentaban ahí, enla zona del pueblo. 

Caminando entre la lluvia, llegaron hasta el campamento los mexicanos. Entraron silenciosos y se sorprendieron de ver a Farid amarrado,lleno de lodo, junto al hombre. 

ESaban pintados de colores bárbaros y el jefe deellos, Alexle tocó la cara y le hizo las marcas. 

Nosotos somos lo que queda del honorazteca.No es mucho. Ni siquier se si me interesa demasiado hacer una revuelta. 

Le lanzaron la cabeza de los hombres quelo habían acompañado durante todo este tratyecto. Todos ellos son traidores. Todos ellos están aquí. Todos esperamos la llegada del quinto sol. 

Yo he escuchado la voz, la voz el Dios del verdaderoDios, he escuchado el nombre y es queí, el sacrificio. Es la sangre. 

No hay nada despés de la vida, lo más compasivo que podemos hacer es dejar que los seres superiores, que también son mortales, que también ellos, sigan dándonos la vida. Todo perece, todo fenece. El fin ha llegado. He mirado la cruz de fuego. 

Ven. Qué sabes tú de Cortés. Qué sabes tú del emperador y de Marina y de todo lo que está sucediendo? A su alrededor se juntaban niños indígenas y Farid lo miraba como un ejnajenado. 

Ahora estaba encerrado ju

Le trajo la cabeza de uno de los muchachos aztecas que lo venían siguiendo. 

Los muchachitos indígenas lo habían matado. Estos son asesinos. Son mi ejército de asesinos. Y fuman y se drogan con nosotros. Dime. No son hermosos sus pies? No son hermosos sus ojos? 

La princesa que inoa verlo,le explicó que él y su hermano eran los jefes de este campamento y que estaban a las órdenes de la resistencia. Si esto es la resistencia, creo queno me intesesa ser parte de ello.

Aquí están los negrossalvajes, todos los desheredados. A estos es a los que se refiereel evangelio, dijo el hombre. 

Ledejó abierta la puerta, comouna provocación. 

Y esa noche, vio ahí, detrás de los arbustos, comose lo había enseñado ella, vio a alejandro y alos mexicanos. 

Los que antes hablan diceAhora va a venir el rey y va a acabar con este paraíso primigenio, esteparaíso donde no hay dios porquedios es el diablo. 

Todo esto ha sido siempremío. 

Le dieron de beber. 

Le dieron humos y comenzó a sentirse bien. 

Entraba entre los rallos de luz y todo el tiempo lo estaba observando. 

Se acercó entonces un muchaho indígena que le dijo que se llamaba cuahtlatoani. Todo estaba listo, aquí, en la selva se estaba juntando la rebelión. La mezcla el fin.Ellos eran los dioses. 

El español miró losídolos y se cortó y un poco e sangrela puso ahí. 

No hay nada.Nada desués de la muerte, esto es todo elsentido. 

La 

Leía historias,historias de caballerosandantes, de encontrar el camino,la cruz de fuego Farid ahí prisionero tancerca deél. 

Cuahtlatoatzin estaba ahí también. Silencio. 

Habíanseguido llegando de todas partes, de todos los lugares, habían comenzado allegar, y cada vez ia creciendo el número de los que se habían. Entonces las vio.Vio que había sido un caballero de malta. 

Y vio una biblia y vio la sociedad. 

El sacrificio es lo único real. Lo único que sucede en todas las culturas. La muerte, la sangre. También los dioses son mortales, pero les podemosdar vida pra que nos den un poco más. Es lo único que podemos hacer. 

Ahi estaba también un azteca.Los tlaxcaltecas noeran aquí ni las víctimasni los mendigos, todos aquí eran igualmente locos, era el mundo del sexto sol. 

Se organizaban formaciones y escuelsas. Se enseñaba latín y náhuatl. 

Quiero que les enseñes a cantar. 

Y quiero aquí a la princesa, a la hija de l príncipe de Textoco. Aquí va a estar bien, entre nosotros. 

Un día no supo cómo se puso a recitar,viejos poemas de Alexandre. Soy Alexandre, entiendes? Hasta aquí me trajo la tierra. Soy más que Alexandre. Soy más que todos. 

Soy más que Elías, soy los dioses de la biblia, soy la muerte que sometió a nuejescristo. La muerte que somete a Dios. 

No es posible, dije, porque la muerte no esvivida. 

Todos están muertos y a la princes la van a sacrificar. 

Farid estáotra vez destrozado.No es que esté involucrado con esto, pero habiendo conocido todo lo que sucede aquí, pensó de pronto que Eruopa era muy chica y no había demasiado que ver ahí. Se miró la mano. 

La mano con la que había tocado a sus amantes. Lamano con la que había bajado. 

Traen a un muchacho, un guerrero feliz. Lo llevn hasta lo alto dela pirámide y negros y cimarrones No va a haber aquí ningún ángel que detenga tu muerte.  que te llore. El sacrificio ritual es lo único que une a todos lospueblos. Una gallina, primero, el símbolo de la virginidad.

En el barco, El muchacho tlaxcalteca murió con la garganta rebanada. Se pintó como un indígena. 

Y comenzó a escalar a la pirámide. 

La ungieron. Farid era el angel exterminador. Comenzó a cantar y Alejandro y sus hombres entraron a lo alto de la casa en la que estaba el comandante y le cortaron también la cabeza. La princesa escuchó, pero se mantuvo impávida. Destrás de él las ruinas y el hombre lee sus memorias. Y la muchacha lo sigue. El lo mira y sabe que va a morir, sonríe. No hay nada atrás, sacaron elcorazón del muchacho. Y el español cayó como sonriendo, sonriendo feliz de haber encontrado por fin al ángel que había soñado, al ángel exterminador que después de la trompeta agusdísima, da lugar al ángel y murió pensando en todos los horrores que desde Italia hasta el mundo había presenciando. Alejandro se sintió consternado. Salió. Los muchachos indígenas,muchos de ellos eran nahuas, lo estaban viendo. Había muerto el líder, el único capaz de llevarlos a luchar contra los españoles. Afuera lanzaron el cadáver del segundo muchacho bajo la pirámide. Alejandro se  llenó con la sangre de aquel español la cara. 

Y encontró todo lo que había escrito el conquistador. Todo lo que había puesto y decía que hay que matarlos a todos en espera del ángel exterminador, porque no hay nada. Porque no es necesario que haya nada. Alejandro, pintado como un tlatoani azteca salió con los dos príncipes a su lado. Y los indígenas fueron todos, uno a uno hincándose a su paso. Entonces, levantó la cruz y dijo: No más sacrificios. No va a haber más sacrificios y ordenó al cura que había improvisado ahí una iglesia que comenzara a hacer doblar la campana y bajó de la maltrecha pirámide por entre los dioses. Conlos príncipes a su lado. 

Y entre ellos vio Parsifal a aquel hombre y lo vio convertido enunDios y supo que Dios no era uno más de ellos. Alejadro-Israel lo tomó y se fue caminando. 

En el camino de regreso, comenzó a llover y los príncipes se lavaron y comenzaron a sentirse limpios. La nave se hechó para atrás y fue dejando detrás del río la ciudad perdida con sus dioses y sus ídolos y dejó de tra´s a los conquistadores y a los sacerdotes. 

El pequeño príncipe le dijo a Farid. Me enseñas a bailar. Farid le dijo: yo no se bailar, se cantar. Por favor. Entonces, cantando una canción, se pusieron a bailar. 

Mareado, triste, enajenado, bajó por la escalinata. La ciudad se había vaciado de gente. Estaba terminando la guerra. El rey había huido. Desilusionado, constató que seguía en el mundo. Habían comenzado a llegar los buitres, los españoles robaban lo que podían en todas las casas. Seguía aquí.

—El sol debe haberse apagado —se dijo.

Le dolía la herida en el pecho y se culpó de semejante desgracia. México estaba muriendo frente a sus ojos. Era un asesino del sol. La cicatriz era un río de dolores agudos que se extendía más allá de sus cauces. Lentamente caminó por entre la gente, con tal dignidad que nadie pensó que pudiese ser peligroso. Encontró a un niño muerto. Creyó volver a ver a Ilhuítl, hubiese querido olvidar su nombre, pero en su cabeza no dejaban de sonar estas palabras:

—Eres un dios Atonatiuh.

Fue hasta los muelles y se llenó la cabeza de barro en señal de luto por todo lo que acababa de ver, pero sobre todo lloró por Ilhuítl y por su madre quien, pensó, debe haber muerto de dolor y vergüenza. Lloró por él mismo. Por esta ciudad a la que había llegado a amar tanto y sobre todo, lloró porque nunca volvería a ver a Farid ni a Colloli, la dueña de amores que no quiso y que aquí, en el fin del mundo extrañaba.

—Todo este mundo —murmuró— se ha acabado con la misma imprudencia de amor y odio con el que estuve a punto de matar a Ilhuítl hace ya tanto en aquel calpulli.

Se desplomó sobre el lodo. La sangre y las lágrimas le cubrieron las cicatrices. Había llegado a la hora del fin del día.

—Tal vez el sol, esta vez, no volverá a salir.

En penumbra vagó por la ciudad moribunda. El lago era verde y corrían en él como venas negras hechas de sangre.

Un hombre se desplomó junto a él. Caminó hacia el sur y vio en libertad a los animales del zoológico del rey Moctezuma. Se sintió abrazado por el estupor de las hierbas de quien muere en sacrificio y entonces, escuchó un grito. La gente se lanzaba furiosa contra el palacio del rey. Como si el palacio en el que alguna vez residió el gran Moctezuma tuviese la culpa.

Farid · El mar del atardecer · Archivo de personajes