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Llegamos al mar. Era un arrabal con olor a tocino. Los niño hacían el amor sin placer ni dolor de lo que los pescadores traían del mar los caciques venían y luego los españoles íbamos por las mismas playas habíamos sido esclavos hasta el fin de los tiempos no hay nada entre lo salvaje todo está cerrándose aquí se cerró cargaremos por siempre a cuestas tenemos que volver, pero allá comienza todo, otra vez, allá está el inicio
—Este es el inicio del sacrificio ocomenzar y terminar solo cazar y amar como todos los otros
—Que Alejo se vaya este es el sentido de todo amor. Me fui con una antorcha y crí haber encontrado mi nuevo nombre. Pero me encontró llorando.
—Qué haces aquí
—Somos compañeros de viaje
Pero no hay viaje en el que podemos vergüenza en la vigilia no hay dioses en un inmortal esta es mi propia aventura, no de nadie más este es mi pentecostés hasta la ciudad blanca
Se acabaron las tabernas hacia donde se pone el sol qué es lo que buscas en el fin del mundo, no sé si haya fin del mundo, vagaremos por tierras inóspitas hasta encontrar más hombres
Tal vez volvamos a
Jerusalén está en cualquier lugar de tu corazón
Se movían en carabanas grandes parecían reyes antiguos. Alejo y yo los seguimos comíamos los restos de su comida y el vino que sobraba al fondo de sus ánforas. Alejo me convencó de que era mejor ir agazapados los europeos. A veces llegaban detrás de ellos. Olfateábamos.
En la tarde del último mayo no habían pasado los conquistadores más allá está el mar.
No sería bueno perdernos con el niño. Me desperté de madrugada. Soñé con el coro y cuando me desperté encontré a Jamil.
—Madre
—No soy tu madre, pero me agrada ese nombre.
—Es verdad que te volviste cristiano?
—Cómo podría no haberme vuelto. No lo sé. Todo este tiempo. Algo me sacó del horror, pero yo no sé ya quien soy a veces es fuego y a veces es paz, pero no podría olvidarte. Me llama el mar.
—no te olvides de mi y si puedes vuelve
Estaba mintiendo, no podría haber regresado a la religión de los dioses griegos. No sé ya si soy cristiano si mi nombre es Farid, Cristóbal, Eneas. Soñé un hombre
—tú eres el niño del coro. Reconozco tu voz. Me gustaba cuando cantabas el aleluya. Tienes algo de comer?
Yo le di algo del pescado seco. Me dio una manzana verde.
Vengo con alejo y el rey de México cazamos conejos. Quién eres y un viento movió la copa de los árboles y supe su nombre. Esperarás hasta que yo vuelvas
—no sé estar conmigo
—Qué?