F0093 · La vida en el castillo de Jorge era un mosaico de…

La vida en el castillo de Jorge era un mosaico de intrigas, ambiciones y rituales cuidadosamente calculados. Las reuniones en sus salones no solo trataban de política o exploración, sino también de secretos, estrategias y deseos encubiertos. Alberto, perdido entre los murmullos y las decisiones de los poderosos, encontraba en este ambiente un espejo de sus propios conflictos internos. En una de esas tertulias, el duque de Limonges, un hombre de aspecto venerable pero con un corazón enteramente dedicado a la acumulación de riquezas, había identificado a Isaac y al joven monje como piezas clave para sus ambiciones. Limonges, quien había dejado atrás la vida en Borgoña para establecerse en Sevilla, veía en ellos una posibilidad de expandir su influencia hacia las tierras descubiertas por Colón. Confiaba en que podrían abrir canales de información en Castilla y facilitar sus negocios en las islas. Mientras hablaban de mapas y leyendas, de Atlántida y nuevas riquezas, Alberto se preguntaba cuál era su lugar en todo aquello. El monje no podía evitar sentirse atrapado entre su pasado y las expectativas de un futuro incierto. Recordaba los sermones escuchados en su juventud, las historias de amor cortés que tanto lo habían fascinado y que ahora veía como un veneno que le había contaminado el alma. En la Casa de Dante, sus devaneos con Inés lo habían llevado a cuestionar todo lo que creía. Para Inés, el amor había sido un concepto aprendido en novelas y canciones; un ideal que ella ahora encontraba encarnado, irónicamente, en el eunuco Farid. Farid, por su parte, había transformado su condición en un arma silenciosa. Entregado a pequeñas mortificaciones que parecían casi místicas, había adquirido una gravedad que lo hacía destacar. Cada gesto suyo, cada palabra dicha en voz baja, lo convertían en un objeto de fascinación. Inés, que al principio lo veía como una figura segura y sin peligros, se daba cuenta de que el deseo que Farid despertaba en ella era más profundo de lo que estaba dispuesta a admitir. En sus pensamientos, fantaseaba con los momentos en que él le leía novelas en el jardín de las naranjas, mientras se permitía disfrutar de una felicidad inesperada. Alberto observaba todo esto con una mezcla de admiración y envidia. La tiorba de Farid resonaba en los pasillos del castillo, y su música parecía marcar el ritmo de los pensamientos de todos los presentes. Decidió que debía ser metódico, como el cantante. Desapareció de la vista de Inés, calculando el momento exacto para regresar y reclamar su atención. Mientras tanto, paseaba por los jardines del castillo, pensando en cómo presentarse ante ella, qué ropa usar, cómo hablar. Se entregó a un ritual que combinaba la disciplina del monasterio con las supersticiones nacidas del amor no correspondido. Inés, mientras tanto, se miraba al espejo con una mezcla de curiosidad y orgullo. Ajustaba su cabello detrás del arete de perla y se teñía los labios con carmín traído de Florencia. Aunque pensaba en Alberto, su desdén por su esposo, Jorge, era más fuerte. Ella había perdido el miedo a vivir y ahora se permitía experimentar con esta nueva sensación que Farid y Alberto despertaban en ella. La idea de no haber podido tener hijos ya no le importaba tanto; lo único que deseaba era explorar este nuevo territorio emocional. Cuando finalmente volvieron a encontrarse, Alberto estaba decidido a ir más allá. Ya no le bastaba con besarle la mano; quería su boca, quería todo lo que ella pudiera darle. La tensión creció entre ellos, alimentada por los juegos de poder, los deseos reprimidos y las pequeñas mortificaciones que ambos se imponían. Farid, desde las sombras, observaba con la serenidad de quien conoce su papel en el drama, mientras la música que tocaba continuaba resonando como un eco de los anhelos y conflictos de todos los presentes. El castillo no era solo un lugar físico; era un teatro donde se representaban los deseos, los miedos y las ambiciones de quienes lo habitaban. Alberto, Inés y Farid, cada uno con su propia carga de secretos y sueños, se encontraban atrapados en una danza que no podían detener, una danza que los transformaría para siempre.

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